Pancho Puskas vive entre luces y sombras
Es un niño grande sin recuerdos, internado en un hospital.

La vida de Puskas es como la de un niño grande. Sin preocupaciones, viviendo en su mundo, un mundo ideal del que a veces sale y vuelve a la realidad. Su arterioesclerosis cerebral le tiene recluido en un hospital de Budapest. Sale muy poco y el martes lo hizo para celebrar su 75 cumpleaños. En una noche especial de la que él quizá hoy ya no recuerde nada, Puskas rememoró pequeños retazos de su historia. Oir a Di Stéfano llamarle Pancho le hacía recordar viejos tiempos. También volvió a la realidad cuando Pachín le relataba sus salidas de cañas en el bar Chiquifru. El llanto de una de sus biznietas le recuerda que tiene familia.
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Su mejor apoyo es su mujer Isabel. Habla pausada, se emociona y explica la cruda realidad, sin máscaras. Está sola en Budapest, ya que su hija y sus nietas viven en San Sebastián. Que el estadio nacional se llame a partir de ahora Ferenc Puskas es un reconocimiento del que toda su familia se siente orgulloso. Él ni siquiera se da cuenta.
Ha olvidado el castellano, te mira fijamente, te sonríe y, si de pronto te recuerda, te da un abrazo. Así estuvo toda la noche con La saeta. Mira imágenes de cuando él jugaba y son escasas las veces en las que se reconoce. Luces pocas, sombras muchas. Pancho, Busy, el gordito, Cañoncito Pum...muchos motes y mucho cariño. A la vuelta de Budapest, Di Stéfano, Pachín y Santamaría se despidieron de su amigo del alma con un hasta pronto. Será en agosto en el amistoso que disputará allí la selección española.