La reivindicación del jugador español
Recordar a nuestros campeones es siempre motivo de agradecimiento y de orgullo.
Recordar a nuestros campeones es siempre motivo de agradecimiento y de orgullo. Ellos escribieron la historia e hicieron grande el deporte. Sus gestas nos emocionaron y provocaron que ese día nos sintiéramos más altos y más fuertes. La Federación Española de Baloncesto ha montado una exposición que nos refresca todos los buenos momentos. Afortunadamente no hay que remontarse a la prehistoria. Están los héroes de Ginebra, aquellos que en 1935 fueron subcampeones de Europa, pero también los Gasol, Navarro, Raúl López, que el pasado verano ganaron un bronce con sabor a oro.
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Y, entre medias, todos esos nombres legendarios que fueron sembrando la semilla del baloncesto actual. Los Emiliano, Buscató, Luyk, Brabender... En el 73 fueron subcampeones de Europa. Sí, por aquel entonces ya había americanos nacionalizados en España. Pívots sobre todo. Eran necesarios, porque en la generación española de aquel entonces los más altos no alcanzaban los dos metros de estatura. Luyk, con sus 2,02, nos parecía un gigante. También había otra diferencia. Los americanos que llegaban, se quedaban. Había menos trapicheo, menos mercadeo, y el que venía lo hacía para quedarse.
Por todo esto viene muy a cuento la exposición, impulsada por Pedro Ferrándiz, un sabio de nuestro baloncesto que guarda en su Fundación de Alcobendas auténticos tesoros de este deporte. Y es una reivindicación, además, del jugador español, próxima su cita con el Mundial. Para que nos demos cuenta de que el baloncesto no se ha hecho grande gracias sólo a mercenarios de otros países que nos llegan con pasaportes de conveniencia, sino también porque la Selección, y los jugadores españoles por ende, lleva poniendo su granito de arena, y a veces mucho más, desde que el baloncesto existe.
