Yo digo Juanma Trueba

Te espero

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Odio tanto al Bayern que ha terminado por enamorarme. Estas cosas pasan. Cuando era un niño, el primer partido que vi en directo fue un Real Madrid-Bayern, del Trofeo Bernabéu. Allí estaba yo, con mi padre, temblando de emoción, tan cerca del césped que casi podía tocar a Rummenigge, jamás he visto en mi vida un tipo con más músculos en las piernas.

Pues bien, en pleno éxtasis infantil (luego vendrían otros), sufrí la primera gran decepción de mi vida (luego vendrían otras). De repente, durante el partido, el Bayern se enfadó con el árbitro y se retiró del campo. Sin más. Y yo me quedé agarrado a mi bandera, como quien pierde el helado o la novia antes del primer chupetón.

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Los años pasaron y el Bayern volvió a aparecerse. Se convirtió en el enemigo fiel, esos que engrandecen derrotas y victorias. Y un buen día te empieza a gustar el rojo, del mismo modo que el superhéroe sale al encuentro del mal, harto de ayudar a las viejas a cruzar los pasos de cebra.

El Bayern volverá al Bernabéu, dentro de siete días, con el resultado a favor, exigiendo una proeza. Los fantasmas son caprichosos y quizá salten al césped liderados por el mismo Rummenigge paquetón que dio la espantada aquella noche de 1980. Yo, por si acaso, aún guardo el palo de la bandera.

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