Múnich teme a Zidane y Raúl
Aún doloridos, liderarán al Madrid para ganar al Bayern y soñar con la Novena.

Hay clima de alta tensión en Múnich. En el Real Madrid todos coinciden: eliminar al Bayern significaría al menos tener la mitad de la novena Copa de Europa. La concentración es máxima en los jugadores y también su disposición para la entrega. Ayer anunciábamos en AS que Zidane iba a jugar a pesar de una alarmante cojera por un golpe en el empeine derecho. Ayer se confirmó la mejoría en el entrenamiento en el Olímpico. Después de debatir en el vestuario con Del Bosque, pidió salir como uno más a trabajar. Es el coco para los alemanes y un importante factor psicológico. Todos le temen y él quiere zanjar la leyenda negra madridista en este estadio con una actuación descomunal.
Pero lo no previsto sucedió también en la sesión de una hora que organizó Del Bosque. Raúl no pudo corretear más que doce minutos sobre el césped. Aún le duelen las patadas que le dieron en Sevilla. Recibió un buen masaje de Pedro Chueca en el mismo vestuario, saltó al campo 20 minutos después que sus compañeros y se marchó a la caseta cabizbajo. Susto y alarma. Minutos más tarde, el médico Alfonso del Corral resolvía la duda: "Mañana (por hoy) estarán todos los jugadores a disposición del técnico". Es decir, Raúl como Zidane apurarán con tal de no perderse la magna cita.
Del Bosque tiene resuelto lo que se presentaba como un serio problema. Ahora debe reflexionar ante la pizarra. ¿Cómo sorprender al Bayern? La clave está en Guti. Se trata de esconder la pelota para romper el ritmo de los alemanes. Morientes ofrece remate y, probablemente, haya poco juego en el área de Kahn. Guti tiene más el balón y apoya a Zidane en la medular. Es decir, todo apunta a que puede repetirse la maniobra táctica de la última eliminatoria en el Olímpico, en mayo de 2001, cuando el Moro fue suplente. Lo malo fue que aquél día Elber marcó a los ocho minutos y rompió todos los planes.
La guerra de nervios está desatada. Del Bosque piensa que Hitzfeld también va a dar un vuelco a la pizarra. Sospecha que variará la línea defensiva para dar entrada a Sagnol, formando con tres centrales y dos laterales largos. Cree que Roberto Carlos les mete miedo por la izquierda.
El pulso entre los técnicos es increíble. El servicio de espionaje y contraespionaje es total. Ayer, en el entrenamiento del Madrid, el ayudante de Hitzfeld, Maikel Henke, tomaba notas emboscado en la grada. El estado de Zidane y de Raúl era su obsesión. Aunque también quiso ver a Pavón en directo. Es el gran desconocido para el Bayern.
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Estos cuartos suenan a final anticipada, tanto que en Múnich creen que el ganador del emparejamiento será el próximo rey de Europa. Los jugadores del Madrid así lo piensan y, además, necesitan ganar en el Olímpico. Nunca ha ganado aquí el equipo blanco y es el mejor sitio para devolver al madridismo la alegría tras la final de Copa del Rey. "Hay que poner una pica en Múnich", decían Flavio, Macca, César, Helguera...
Hoy, en Múnich, volverá a batirse el cobre bajo los palos César. El último que sufrió el asedio de los Elber, Santacruz y Jeremies fue Casillas. Y le hizo la vida imposible el recordado árbitro Nilton Nielsen. Iker es ahora hombre de banquillo. La suerte debe acompañar a César, que tiene una estabilidad emocional a prueba de bombas. Por cierto, este partido también se lo pierde Figo. La factura por jugar precipitadamente aquella final está siendo tremenda.