La carrera perfecta
Una carrera en línea, otra con montaña y una contrarreloj. Encadenadas todas ellas darían la competición perfecta. Francia así lo entendió e hizo suya la idea de Gaston Bénac, director de Paris-Soir, para proclamar al campeón francés de primavera. Hablamos de 1932. Su importancia fue tan grande que incluso se celebró durante la segunda Guerra Mundial, pese a que la zona fue escenario de colosales batallas, como la de las Ardenas. Ninguno de los dos bandos quiso renunciar a la prueba. Y como no se podían juntar, se celebraban dos carreras: una en la zona ocupada y otra en la zona libre.
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Después, esta carrera vivió grandiosos duelos. Como los de Anquetil y Poulidor, favorable al primero por cinco victorias a cuatro. A partir de 1979 se hizo internacional y pasó a llamarse Critérium Internacional. Indurain lo ganó en 1989. Su victoria era el preludio de que al pelotón llegaba un ciclista completo. De lo contrario, alguien que no lo fuera jamás podría ganar la carrera. A Indurain le sucedió Fignon y a éste, Roche, nombres que también figuran en el palmarés del Tour. Desde entonces, ya no ha vuelto a ganar el Critérium ningún vencedor del Tour. Dosifican mucho sus fuerzas en la temporada.
Esto ha permitido que corredores más desconocidos, pero siempre completos y en muy buena forma, ganasen el Critérium. Como ayer Alberto Martínez, que se encontró a un Armstrong ambicioso, pero aún escaso de kilómetros. Bienvenido este triunfo, porque nos permite conocer más una prueba que concentra todas las especialidades del ciclismo. En España tenemos una réplica desde el año pasado, que ha venido a sustituir a la Clásica de Alcobendas. Más dura, además, porque sube Navacerrada, no las colinas boscosas de las Ardenas. Habrá que estar atento porque proclama al ciclista completo.
