Kahn trabaja su estrés ante
El portero bávaro está copnvencido de que Raúl es el máximo peligro del conjunto blanco.

Dos pasos cortos le valen Oliver Kahn para iniciar el vuelo hacia cualquiera de las dos escuadras. Su poderoso e impactante tren inferior es lo que le permite llegar sobrado a los balones imposibles. Enfundando en un chandall negro, con el gesto duro de los mineros de la cuenca de Rhur, de la que proviene, y con una fisonomía más propia de Conan que de un futbolista, no cesa de pedirle balones esquinados a uno de los porteros del filial del Bayern.
El entrenamiento estaba previsto a las diez de la mañana. Él ha salido veinte minutos antes que el resto de sus compañeros. Quizá sea su metodo antiestrés, ese que le provocó Raúl en el partido de ida del año pasado. Por el ritual que hace antes de iniciar cada estirada parece como si cada balonazo supusiera ganar una batalla.
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Flexiona las rodillas hasta quedarse en cuclillas, hincha el pecho y abre los brazos. La estampa es impactante porque asusta y tapa portería. Le falta entonar un no pasarán antes de despegar hacia el lugar más lejano. La demostración de vuelos ha terminado. Ahora toca la de blocajes. La ténica es perfecta. Los zambombazos le van a la cara.
Pone las manos delante del rostro, los pulgares abiertos, formando la base del triángulo que compone con los restantes ocho dedos. Los trallazos se encajan entre sus guantes con un sonido hueco. Se va al vestuario ¿?, y le piden un autógrafo. Dice que cuando acabe de entrenar.