Los atletas africanos son imbatibles
Comentábamos el sábado que a los africanos no les podemos ganar en cross. Si en la pista es difícil, en campo a través es imposible. Y cuanto más larga sea la distancia, más se acentúan las diferencias. África, en esto el cross, es otro mundo. Ayer, el primer atleta no nacido en el continente africano fue un portugués, en el puesto 19º. Por delante, cinco kenianos, cuatro etíopes, dos tanzanos, dos marroquíes, un eritreo, más dos estadounidenses, uno nacido en Somalia y otro en Eritrea, y dos franceses, ambos de origen marroquí. Vistas así las cosas, no es de extrañar que el primer español fuera 26º.
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Los atletas africanos tienen una ventaja sobre los de cualquier otro continente: corren desde niños por los campos y los caminos como un hecho natural. Siempre están corriendo. Para ir a la escuela, para regresar a casa, para ir a por el ganado, para jugar. Es el único medio de desplazamiento que conocen. Bien es verdad que no todos corren como los vemos después en las competiciones; más que correr, trotan, pero adquieren así una base física envidiable y, cuando llegan las pruebas de selección, no resulta difícil elegir a los más rápidos y resistentes entre los cientos de jóvenes que se presentan a esos trials.
Luego, en la pista, podrán extrañar correr sobre una superficie a la que no están acostumbrados, hacerlo con unas zapatillas de clavos y bajo unas tácticas que les impiden salir zumbando desde la salida. Compiten, además, contra rivales que sí están familiarizados con ese atletismo más artificial. Por eso algunos fracasan. Pero cuando de cross se trata, se encuentran en su ambiente y no fallan. Entonces quienes extrañan el piso irregular y se vuelven pesados sobre los pastizales son los contrarios. Emerge el atleta africano en estado puro y ya no hay quien le pare. No es cuestión de raza, sino de aptitud.
