Historia de un derby atípico
Era un derby atípico: Goliath/Estudiantes frente a David/Real Madrid. Banquillo repleto en el equipo colegial y precariedad en el merengue. Papeles cambiados, la historia del revés. Los hechos demuestran que el Madrid se adaptó bien a las circunstancias (peleó como si le fuera la vida en ello) y Estudiantes se equivocó de papel. Confundió grandeza con aburguesamiento. En vez de jugar en plan carnicero, hurgando en las heridas del rival, se tomó el derby como un baile de salón, salió del Vistalegre con cien puntos en el culo, sin dar la menor prueba de que, en efecto, había estado en el partido.
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Después de esto ya sabemos que este Madrid podrá ganar o perder, pero tiene casta, oficio y orgullo. Incluso ha demostrado que la cantera, tras muchos años de sequía, apunta ya productos con gran futuro (Edu Hernández y Maciej Lampe, por supuesto). Y se confirma lo que ya habíamos comentado en plena crisis blanca: si Scariolo llega al final de Liga con la plantilla al completo, nos hará pedorreta.
Estudiantes, en cambio, sigue empeñado en ser equipo de colegio. Con fastidiar de vez en cuando al Madrid parece bastarle. Pero es un conformismo absurdo. Eliminar al vecino en la Copa y después volverse a casa también de vacío es un éxito falso, por no decir imbécil. Estudiantes crece en presupuesto e infraestructura, crece en público y notoriedad, pero sigue sin lo imprescindible para cosechar títulos: instinto asesino. No sabe desvincular la cantera del equipo profesional.
