Berlusconi sale a escena
El hombre que creó al mejor Milán de la historia, que cogió hace hoy 16 años el club en bancarrota y lo convirtió en envidia mundial, está obligado a dejar la presidencia.

Silvio Berlusconi, primer ministro de Italia, debe dejar la presidencia del Milán con la aprobación definitiva de la Ley de Incompatibilidades, que prohibirá compaginar cargos públicos por conflictos de intereses. Berlusconi, que seguirá siendo el propietario, prometió que lo haría hoy, 24 de marzo, día en el que se cumplen 16 años de su llegada al club. Quienes le conocen, sin embargo, apuestan a que aguantará en el cargo hasta que la Ley esté en la calle. Berlusconi, el hombre que creó al gran Milán, saldrá de escena para dedicarse en exclusiva a la política. La sucesión a la poltrona de vía Turati número 3 queda abierta. Será el propio Silvio quien elija su sucesor, pero como dicen todos los candidatos, "ninguno como Il presidentíssimo".
La relación Berlusconi-Milán comenzó en 1985. El club, que había descendido de categoría dos veces (1981 y 1983) estaba en bancarrota. Para salvarlo, el 17 de diciembre de 1985 mandó un comunicado al entonces presidente, Giussy Farina: "El Grupo Fininvest, del cual soy presidente, declara su disponibilidad para adquirir la sociedad A. C. Milán".
Del embargo al éxito. El club estaba embargado por la deuda de 3.000 millones de pesetas por impago del IRPF. Berlusconi depositó esa cantidad en el juzgado y posteriormente adquirió la totalidad de acciones por 18.000 millones. El 24 de marzo de 1986 fue elegido presidente en la asamblea celebrada en el Teatro Manzoni. Aquel hombre que vestía trajes de más de un millón de pesetas y que de niño vendía los apuntes a sus compañeros de clase iba a tridimensionar el Milán.
En su primer día al frente del club se le atribuye una frase: "Pobre Diablo (así se conoce al Milán en Italia), está roto en pedazos". Al día siguiente, Berlusconi apareció en Milanello. Descendió de su helicóptero junto a su hijo Piersilvio y Adriano Galliani y le regaló a cada jugador un reloj de plata de la firma Cartier. Un año más tarde fichó a Sacchi, Van Basten, Gullit... y ganó de seguido Liga, Copa de Europa, Intercontinental, Supercopa de Europa y de Italia. Le bastaron tres años para hacer de un club en bancarrota el mejor del mundo.
Inmensamente rico. Lo del helicóptero y el reloj no fueron una fanfarronada. Berlusconi es la persona más rica de Italia, la tercera de Europa y en 2000 estaba entre las 15 más adineradas del mundo (según la revista Forbes), con una fortuna de 12,8 billones de dólares, casi 15 billones de euros (2.500 billones de pesetas). Y en todos los casos está bien escrito billón y no millón.
El hoy conocido como Il Cavalieri creó el universo Milán. Hizo de la sede de Vía Turati un auténtico búnker con 60 empleados, formó un departamento comercial que el año pasado facturó 160 millones de euros, levantó un canal de televisión propio (Milán Channel), creó el Trofeo Luigi Berlusconi (en honor a su padre) y dotó al club de la infraestructura de su coloso financiero Fininvest.
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Además, mejoró ostensiblemente Milanello, lo que él llama el cuartel general de los jugadores. Allí trabaja y convive el primer equipo y los ocho de divisiones inferiores. En el complejo, Berlusconi tiene una habitación de lujo reservada para él, aunque sólo la ha utilizado una vez en 16 años (la noche antes de un Milán-Werder Bremen de Copa de Europa).
Por todo esto, no es de extrañar que los tifosi del Milán le llaman Il Salvatore.