Y los españoles, de comparsas
De la Copa del Rey de baloncesto se nos han quedado grabados unos cuantos rostros. Son, forzosamente, los de los jugadores que estuvieron en la final, pues además de acaparar el protagonismo son también los que durante más minutos jugaron al haber acumulado tres partidos. Estos son Tomasevic, Foirest, Rentzias, Oberto, Karnisovas, Bennet... Un yugoslavo, un francés, un lituano, un estadounidense... Es la torre de Babel que hemos ido construyendo para, a decir de los técnicos, presumir de tener el mejor baloncesto del continente. Un precio quizá muy caro.
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Los seis jugadores citados son, por ese orden, los que más minutos jugaron de la Copa del Rey. En séptimo lugar está un español, de Madrid, Carlos Jiménez, que por estar en el Estudiantes tiene quizá más oportunidades de jugar que en cualquier otro equipo. Y, tras él, otra legión extranjera: Nocioni, Jasikevicius, Digbeu... un argentino con pasaporte italiano, otro lituano, otro francés... Todos del Tau o del Barcelona, equipos que, según esta relación, parecen no tener jugadores españoles en sus plantillas, o al menos los que tienen son prescindibles o intercambiables por cualquier otro.
Si no fuera así jugarían más, pero resulta que no, que en esta Copa del Rey, Scola, nacido en Argentina, y Vidal, catalán del Joventut, no están en el quinteto del Tau que más minutos jugó, y Nacho Rodríguez, malagueño del Unicaja, rivalizó en minutos con Okulaja, nigeriano con pasaporte alemán, por ser el quinto jugador del Barcelona con más minutos en la Copa. De verdad que resulta un milagro que la selección sea tercera de Europa, aunque con la competencia que tiene los jugadores españoles en su país tampoco tiene que extrañar. Son unos fenómenos, aunque apenas jueguen en sus equipos.
