Yo digo Juan Mora

Un caballero del deporte

Juan Mora
Importado de Hercules
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Ayer hubo luto en el deporte español. Un luto de verdad, seguido con sentimiento. Hubo minutos de silencio en los campos con los ojos humedecidos y la piel de gallina. Había muerto un caballero en acto de servicio. El destino le llevó a Vitoria, porque debía estar junto a sus muchachos, junto a sus olímpicos, los medallistas del último Europeo, los que estarán en Atenas 04. Porque en la Copa del Rey no sólo está la legión extranjera, sino también la base de la Selección española de basket. Los hermanos Reyes, Jiménez, Navarro, Rodríguez, Paraíso, Vazquez y Kornegay jugaron su partido más doloroso.

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Goyeneche siempre estaba al lado de los deportistas y de los dirigentes. No manipulaba, no compartía el juego de los políticos. Por eso era respetado. Un caballero del deporte era. Su educación y su estirpe facilitaban que tuviera un trato atento y exquisito. Con todo el mundo, sin excepción. Con él era imposible discutir. Con él siempre había acuerdo. Por eso fue el sucesor natural de Carlos Ferrer Salat y por eso fue reelegido por unanimidad para seguir presidiendo el Comité Olímpico Español, convertido, desde que está a su frente, en el paraguas donde buscaba refugio a sus problemas el deporte español.

Cuando el deporte perdió su brújula con los continuos cambios de secretarios de Estado, las federaciones se parapetaron en el COE. Goyeneche aconsejó prudencia y diálogo. En esos momentos de zozobra e incertidumbre les dio cariño y medios. Cariño, escuchándolas, y medios, forzando a que el plan de ayudas olímpicas (ADO) les diera cuanto pudiese. Y si para ello tenía que descolgar un teléfono y hacer uso de sus influencias para que se pusiera un presidente de consejo de administración, lo hacía. Todo para que los deportistas pudieran dar lo mejor de sí mismos y regresaran a España con un saco de medallas.

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