Yo digo Tomás Guasch

El derby de Puyol y Solari

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El barcelonismo ha hablado poco del derby y es normal. Con el acollone de lo de la cumbre europea ha venido al pelo en Barcelona para no hablar de otra cosa y hasta no aparecer por casa sin levantar sospechas. Pero es que además, se dan todas las circunstancias para que el Real Madrid rompa con casi veinte años de sequía en el Camp Nou. No, no es que vaya a ganar el Madrid con la gorra, que diría Di Stéfano, pero sí cuesta reconocer a este Barça tan pobre, tan limitado, tan poco fiable. Aunque este Barça, como todos los Barça en los últimos cien años, huele al Madrid y se transforma, aunque sólo sea a nivel de motivación. En el Barça de hoy, la referencia, la figura, el símbolo, es Puyol, un tío que marca y corre mucho. Lo demás es la rodilla maltrecha de Rivaldo, el tridente que no se aclara, las dudas en la portería, Gaspart llorándole al Rey, Rochemback, De Boer y Christanval. Todos a las órdenes de Rexach, un señor simpático, divertido, ocurrente. Pero también más alineador que entrenador.

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Del otro lado está el Madrid, que tiene su Puyol en Solari. En el equipo de las mega estrellas galácticas, el último tío que ha levantado el Bernabéu es Santiago Solari. Mucho cuestionar el banquillo blanco (en la mayoría de casos, con toda la razón) y camino del Camp Nou, el madridismo se agarra a Solari en la convicción, fíjense, de que es preferible que juegue él y no Figo, el artista de Chinchón. ¡Malditos diez mil kilos podría gritar Florentino! Puyol contra Solari mientras esperamos que el ligamento dichoso no acabe con Rivaldo, que Kluivert sea Kluivert, que Overmars o Geovanni aparezcan en plan sorpresa quizá por Saviola, que Zidane se dé el gustazo de debutar ganando en el Camp Nou con el Raúl Madrid de esta noche.

Es el clásico como la energía, que ni se crea ni se destruye. Cuando unos y otros no saben muy bien a que santos cerrar, aparecen Puyol y Solari y se envalentonan que da gusto. Ambos se encontrarán por el carril izquierdo del Madrid. Por donde transitó Puskas aquella noche del 1-5, por cierto.

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