La última carta siempre la juega el COI
Ayer, en el Congreso de los Diputados, se debatió mucho sobre el doping. El caso Muehlegg fue la percha...
Ayer, en el Congreso de los Diputados, se debatió mucho sobre el doping. El caso Muehlegg fue la percha. Lo importante es hacia dónde nos dirigimos. Habrá más controles, más estudios y más rigor. Porque en una cosa todos estamos de acuerdo: con el doping no se juega. Hubo lamentaciones de que el darbepoetin no se hubiera podido detectar en los controles hechos en España para evitarnos la deshonra de que un campeón olímpico fuera desposeído de la medalla y expulsado de los Juegos, hecho comparable al de Ben Johnson en Seúl 88. Ahora toda esa vergüenza ha recaído sobre nosotros.
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Deploramos que en España no podamos tener la tecnología punta en los laboratorios para detectar las nuevas sustancias dopantes que van apareciendo. No la tenemos ni la tendremos. Ni nosotros ni nadie. Esa es la última carta que se reserva el Comité Olímpico Internacional (COI). Si hubiese transmitido a todos los laboratorios del mundo la metodología para detectar el darbepoetin, no hubiese pillado a Muehlegg, o a las rusas, en un renuncio. Le hubiéramos pillado aquí, sí, y le hubiésemos podido sancionar... o no. A lo mejor entonces se hubiera lesionado a última hora. ¡Vaya, que mala suerte!
El COI comunica todos sus avances, una vez que ha conseguido un golpe de efecto. Como consiguió con Ben Johnson cuando nadie podía detectar el estanozolol. Como intentó en los Juegos de Sydney con la EPO, pero no lo logró porque el sistema de detección no estaba lo suficientemente desarrollado. Ahora sí, y dice cómo se encuentra, pero una vez que es público que se puede detectar. Para los Juegos de Atenas 04 va a por las hormonas del crecimiento invisibles. Si lo logra, no dirá a nadie cuál es el método. Sería como decir a los ladrones a qué hora va a estar la policía esperándoles.
