"Los sambenitos, a estas alturas, me resbalan"
Hace tiempo que Pablo Alfaro hizo la mili, que recorrió todas las escalas del fútbol. Hace mucho ya que recorrió el mundo. Hoy, en el Sevilla, sigue reconociendo sus límites, sus virtudes, sus ganas de ir a entrenarse como un juvenil.

Sevilla-Betis, Betis-Sevilla, ¿le ha prendado el cainismo sevillano?
Te metes en la dinámica o te meten por narices. Sevilla tiene esa forma de ser. Uno no dice que se alegra de las derrotas del equipo rival, pero sí he detectado una cosa curiosa: por ejemplo, si acabamos de realizar un gran encuentro y hemos vencido, siempre hay alguien en el vestuario que pregunta cómo quedó el Betis.
¿Recomendaría transfusiones de sangre a determinados futbolistas?
Cada cual es como es. Yo soy pasional, otros son más calmados.
¿Los tipos duros también lloran?
Supongo que algunos llorarán, porque los que no somos ni lloramos (risas). Es broma. Llorar no es malo. Yo a veces lloro.
¿Se le abren las carnes a Alfaro cuando alguien le llama carnicero?
Muchas veces se emiten juicios de valor sin conocer a las personas, y eso ha ocurrido en más de una ocasión conmigo. Eso hace mucho daño. Te cuelgan un sambenito y ya lo llevarás toda la vida. Pero a mí a estas alturas los sambenitos me resbalan, incluso ya me caen hasta simpáticos.
¿El fútbol ha sido injusto con Pablo Alfaro?
Yo creo que no. Le he dedicado todo el cariño del mundo a esta profesión, que me encanta. Uno no está aquí para llevarse cosas, sino para intentar aportar algo y yo he aportado.
Los árbitros tienen fichados a ciertos futbolistas, ¿es justo?
Hombre, a algunos nos miran distinto. Son humanos y entre ellos se hablan y sabes que determinados jugadores no les caemos indiferentes.
¿También reparten los delanteros?
Algunos, algunos, pero hay que reconocer que cada día se reparte menos cera, sean defensas, medios o delanteros. El fútbol está evolucionando y cada día hay más espectáculo y goles.
¿Es verdad que este fútbol destila litros de mala leche?
Es cierto, pero en en el fútbol y en la vida en general. A veces es necesaria, siempre y cuando uno defienda lo suyo y no se salga de las reglas.
¿Sevilla y el Sevilla tienen un color especial?
Sevilla enamora y, en efecto, tiene un color especial. Es una ciudad pasional, como yo. Es la ciudad de España que vive más el fútbol, con diferencia. El Sevilla, económicamente, atraviesa por una situación complicada, pero ha recobrado el prestigio y la culpa la tiene el presi y la forma que tiene su gente de llevar el club.
¿Es verdad que en el campo hay futbolistas que no conocen ni a su padre?
En el campo cada uno defiende sus intereses lo mejor que sabe. Pero el que más mala uva tiene puede ser Raúl, ése sí que tiene mala leche; tú estás trabajando todo el partido y llega Raúl y al final se saca una jugada de la chistera y te lo arruina todo. O Rivaldo cuando se inventa un sombrero y te mete un gol.
¿Defíname el fútbol de pellizco o fútbol-arte?
Es el fútbol que gusta tanto en Sevilla, el que realizan algunos jugadores que en momentos determinados hacen lo que nadie es capaz de hacer. El fútbol-arte nace de la improvisación. El fútbol de pellizco está muy cerca de los sentimientos.
¿Ser el jefe de la banda cómo le sienta a usted, Pablo Alfaro?
Yo creo que bien. Tengo una responsabilidad grande, porque te sientes un poco referencia de los jugadores. Es un orgullo también porque te han elegido los compañeros.
¿Se tiene la misma vara de medir para los grandes y chicos?
Nosotros sí, los demás no. Cuando has estado en las dos aceras te das cuenta. Cuando estás en un grande y pitan a tu favor, no protestas y miras a otro lado. Pero eso es normal, yo diría que humano. Porque arbitrar, amigo, es muy complicado.
¿Hay Alfaro para mucho tiempo?
Ojalá sí. Si las lesiones me respetan y si sigo levantándome por las mañanas con muchas ganas de entrenar, seguro que seguiré.
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¿Una vez retirado qué será: entrenador o doctor?
De entrenador no me veo, al menos en plan profesional. Tal vez técnico de la cantera.