La mujer siempre tiene más que perder
Una de las diferencias que existen entre la mujer y el hombre deportistas es que la procreación siempre jugará en contra de la actividad deportiva de la primera. A la mujer le supone un año de inactividad; al hombre, nada. Por eso ha de calcular bien cuándo queda embarazada si quiere mantenerse en la alta competición. Pero aún así, la historia está llena de mujeres que no lograron conservar su nivel competitivo después de la maternidad. El último caso es el de la atleta irlandesa Sonia OSullivan. La responsabilidad de ser madre es tan grande que relega a un segundo plano cualquier actividad.
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La maternidad en la mujer deportista viene a ser como los negocios en el hombre deportista. Comienzan las preocupaciones y desciende el nivel competitivo. Los entrenadores conocen bien este tema. Cuando un deportista comienza a invertir, malo. Cuando una deportista se queda embarazada, no es que sea malo, sino que empieza a tener otras prioridades, que se prolongarán hasta que la criatura deje de ser bebé. Por eso, las deportistas no suelen ser madres hasta que ven próximo el ocaso de su carrera. Y puestas a no esperar, mejor hacerlo en un período interolímpico.
Respecto al embarazo de las mujeres deportistas tampoco hay que buscar ya tres pies al gato. Se habló mucho en épocas pasadas de que las atletas y nadadoras de la extinta República Democrática Alemana quedaban embarazadas para aprovechar la mayor secreción de hormonas que se produce durante la gestación, y a los tres meses abortaban. No les hacía falta. Los laboratorios de la RDA producían anabolizantes que no se detectaban, por lo cual eran innecesarias prácticas tan cruentas. Es mejor pensar eso a imaginarse que el precio de una medalla pudiera haber sido el de un crimen.
