Tregua a medias
La derrota en la final de la Copa abría la duda: ¿cómo reaccionaría el Bernabéu en el reencuentro con su equipo? La afición acudió al estadio y, como siempre, un partido da para muchas historias visto desde la grada. Hubo un invitado de excepción, el Betis, los espectadores se sumaron a su fiesta.

Desertores. Aparentemente todo está igual. La almohadilla a 0,90 euros, el bocata a 2,20 y el refresco a 1,50. Pero hay menos negocio, faltan muchos habituales. La Copa ha dejado huella. Los abonados de tribuna, los acusados históricamente de ver el partido con las manos en los bolsillos, se han quedado en casa con el disgusto. También unas cuantas docenas de ultras. Pese a todo, el estadio no quiere hacer sangre y eso se nota media hora antes de comenzar, cuando se inicia el calentamiento. Está Solari, bien. Ese es el comentario más recurrente antes de que Carmona Méndez ordene el saque de centro.
Hierro y Raúl. Nada más comenzar ya se percibe el ahorro de energía. El Madrid, con quince grados, decide no encender la calefacción. Otros, en el terreno de juego, parecen pensar en el Barça del próximo sábado. Cuando se empieza a abrir el debate en la grada sobre los que están mejor y peor, llega Raúl, siempre Raúl, y marca el habitual gol. Si supiera la de comentarios que evita con ese oportunismo, si sus compañeros conocieran cómo se desvanece la polémica cuando besa el anillo...En fin, que para ese momento el puro ya se disfrutaba con más tranquilidad y el ladrillo de partido se soportaba mejor.
En esos primeros minutos hay otro detalle que no pasa inadvertido para la grada. Hierro, pésimo en la final de Copa, mantiene sin embargo el buen tono del día del Alavés. Pese a ello, pronto una amarilla. Desde lo del Valencia, Hierro sale casi a tarjeta por partido. ¿Los árbitros son influenciables? Rotundamente sí.
Zidane de derechas. El luminoso anuncia el empate del Atlético con el Numancia. Y se celebra. Tanto como el primer gol del Betis. Ahí se percibe que los madridista han tenido que soportar mucha rechifla con los fastos del Centenario y el negro 6-M. Con tanta noticia del exterior han reparado poco en la nueva y nula posición de Zidane, haciendo de Figo en muchos momentos del partido. Ahora sí parece un equipo de derechas, con su estrella pegada a esa banda para que Solari pueda jugar en su sitio natural. Dura poco el espejismo porque el equipo está acostumbrado a cargar hacia la izquierda y todos que se van para allá. El francés también. Por cierto, es de los pocos que se salvan de los primeros pitos. Para entonces, todos estamos suplicando que llegue el descanso.
Roberto Carlos. El primer cuarto de hora de la segunda mitad se pone bravo. Toda la bronca que no apareció en el comienzo, surge tras tres envíos alocados de Roberto Carlos y cinco pérdidas de balón en el centro del campo. Los notables de la afición no aguantan más. Están soportando un pésimo partido y encima uno de los más queridos, Roberto Carlos, sigue sin dar pie con bola. ¡Es que tendrían que haberle subido el sueldo!, espeta un anciano, de eso nada le dice su compañero de abono.
Morientes. Una picardía de Zidane, provocando una pena máxima, calma el patio. Del Bosque aprovecha para dar descanso a algunos titulares. Y ahí descubrimos que la gloria es efímera. Más pitos que palmas para Morientes cuando deja su puesto a Guti. Los cinco goles a la Unión Deportiva están muy lejos. O eso parece. El Moro, muy cabreado, prefiere la ducha en el vestuario a contemplar el final en el banquillo de los suplentes, donde, por cierto, sigue Casillas.
El rival. Los goles hacen cambiar el humor del personal. Hasta el churro de Macca es celebrado con cierta euforia. Y para entonces, con todo sentenciado, nadie habla del rival. Se me ocurre abrir la boca para decir que posiblemente es el peor equipo que he visto este año jugando de visitante y aplauden la aseveración. Pero están a lo suyo. Y lo suyo es ver que el Betis le está zurrando la badana al Barça y que ya toca ganar en el Camp Nou. ¿Sirven los tres goles para cerrar heridas? No, ni mucho menos. Medio equipo titular está en el punto de mira de los exquisitos. Con razón.
