Atletismo | Europeo de Viena

La otra cara del oro

España ganó cinco medallas de oro en el Campeonato Europeo en pista cubierta de Viena.

Ángel Cruz
Redacción de AS
Actualizado a

Las medallas de oro llegaron desde Palencia (Marta Domínguez), Madrid (Alberto García, que ayer chateó en as.com), Sevilla (Raúl Fernández), León (Manolo Martínez) y nada menos que desde Nigeria (Glory Alozie), aunque el metal se fabricó en Valencia, en el viejo cauce del río Turia. Cinco joyas con historias muy distintas.

Marta Domínguez. 3.000 metros

La corredora que quería ser futbolista

Marta Domínguez, palentina de 26 años, confiesa que a ella lo que de verdad le gusta es el fútbol. Pero como el fútbol femenino no es casi nada en España, aprovecha su resistencia física para ser la mejor de Europa en 3.000 metros . Sin embargo, de vez en cuando se arranca con unos cuantos pases, unos golpes de balón, unos tiros a puerta. Es el descanso de la corredora, la entrega a lo que le hubiera gustado ser y nunca será: un Figo, un Zidane, un Raúl... Su pasión es el Real Madrid.

Y ahora, tras la Copa del Rey con blanco tintado de azul deportivo-coruñés, además de pasión es dolor. Corre siempre con una una cinta rosa ciñéndole el pelo, cinta que le regaló su tía cuando era niña y que mantiene el color rosáceo a pesar de los miles de lavados. Ahora, Marta tiene el pelo rubio, pero en alguna época lo tuvo moreno e, incluso, no lo tuvo: por un tiempo se lo cortó al cero. Las mil caras de Marta.

Alberto García. 3.000 metros

Chico de barrio "en contra del botellón"

Nacido en Vallecas y criado en Moratalaz. Un chico de barrio que está en contra del botellón y de lo que acarrea. "Mira, a mí de verdad lo que me gusta es el zumo. Está riquísimo. Si me acercan un whisky, salgo corriendo". A toda velocidad, se entiende, que él no sabe hacerlo de otra manera.

Dice Alberto que "para divertirse no hace falta tomar alcohol, sino tener buenos amigos o una novia" y que está "en contra del botellón", aunque matiza que "los chicos jóvenes tienen poco dinero y recurren a ello para gastarse menos". Pero añade: "Si yo tuviera bajo mi ventana el ruido que hay en Chueca por las noches no podría vivir, porque a mí me despierta una mosca y me cabreo". Alberto estuvo como invitado en el palco del Bernabéu para ver la final de la Copa: "Hace tiempo me invitó el Rayo a Vallecas, y perdió; ahora me invita el Madrid, y ha perdido. Van a pensar que soy gafe".

Raúl Fernández. Longitud

El hombre que parece de goma

Raúl Fernández, sevillano de Brenes, parece tener un cohete retropropulsor cuando corre por el pasillo de saltos y cualquiera diría que un muelle le impulsa para elevarse alto, muy alto, y también muy largo. El gran público le ha descubierto ahora. Se ha fijado en su velocidad endiablada, en su bote admirable. ¿Y dónde estaba este chico? ¿En qué cueva oscura se escondía este diamante? Pues no se ocultaba: estaba lesionado.

Cumplió ayer 24 años, tiene ocho meses menos que Yago Lamela y cuando ambos crecían en la edad júnior el mejor era Raúl, subcampeón del mundo en esta categoría, y no el avilesino, cuarto en la misma competición. Pero luego vino toda una dramática colección de lesiones, un dolor aquí y otro más fuerte allá. Y, mientras, Yago explotó. Y todo el mundo pensó que Raúl no existía. Luego Yago entró en crisis y retornó el sevillano. Ahora los tenemos a los dos a tope. Bingo.

Manuel Martínez. Peso

Motero, escultor y amante de los perros

Mano de terciopelo que impulsa violentamente una bola de áspero hierro. Manuel Martínez, atleta de la misma generación que Marta Domínguez, es mucho más que un lanzador de peso. Mucho más que el mejor lanzador de peso de Europa. Es escultor, estudiante de informática, lector inquieto, admirador de los buenos pintores, motero civilizado y amante de los perros de presa. Tiene un buldog hembra llamado Rita, que es su devoción.

Es un gigante fuera y dentro del círculo de lanzamientos, pero dentro de él es una especie de fiera concentrada, que lanza alaridos terroríficos cuando el tiro le sale bien, cuando la conexión entre la punta del pie que impulsa y la punta de la mano que suelta la bola funciona a la perfección. Fuera, sin embargo, es un gigante apacible y tierno, que habla con lentitud y con sabiduría. Pero habla poco: de pequeño le llamaban el monosílabo, por su afición al sí y al no. Únicamente.

Glory Alozie. 60 metros vallas

Su novio le habla desde el cielo

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Hyginius Anugo, su novio, fue atropellado mortalmente en Sydney, en los días previos a la inauguración de los Juegos Olímpicos, y Nigeria, su país, no se hizo cargo de la repatriación del cadáver. Eso hizo que una destrozada Glory Alozie, que vivía en Valencia desde enero de 1997, decidiese tramitar su nacionalización, que le fue concedida el año pasado. Por cierto, a pesar de la herida que le desangraba el corazón, en Sydney fue subcampeona olímpica. Tiene coraje.

A Valencia llegó de la mano de Julia García, su representante, que la fichó en los Mundiales júniors de 1996, en los que fue segunda. Es miembro de la iglesia evangelista, reza antes de cada competición y sus allegados afirman que siente que su novio fallecido, Hyginius, le habla desde el más allá y le asegura que está bien. Y ella se siente feliz.

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