Guerra de laboratorios
En España hay dos laboratorios antidoping reconocidos por el Comité Olímpico Internacional (COI). Esta dualidad no la hay en ningún otro país del mundo. Aquí sí, porque el Consejo Superior de Deportes (CSD) tiene el suyo en Madrid, y cuando Barcelona organizó los Juegos de 1992, el laboratorio del Instituto Municipal de Investigación Médica recibió también la acreditación del COI para que las muestras no tuvieran que andar viajando de un lado para otro. Y desde entonces los dos laboratorios mantienen una guerra soterrada. Todo ha quedado al descubierto a raíz del caso Muehlegg.
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Resultó muy extraño que el día en el que se conoció el positivo de Muehlegg, el doctor Segura, director del laboratorio de Barcelona que estaba en Salt Lake City como miembro de la comisión médica del COI, anunciaba la culpabilidad sin paliativos del esquiador. Dejaba de esta manera sin argumentos a Gómez Angulo, secretario de Estado para el Deporte, que trataba de encontrar algún resquicio legal al asunto, siguiendo las indicaciones de Aznar, quien le había pedido que no dejara solo a Muehlegg. El doctor Segura llegaba aún más lejos: "La darbepoietina actúa de forma tanto o más potente que la EPO".
Al regreso de los Juegos, el doctor Segura y el CSD se enzarzaron en una agria polémica (ver AS del 1 de marzo). La tormenta había estallado, pero las relaciones estaban rotas desde que en 1994 el laboratorio de Barcelona plantease al CSD un convenio con el de Madrid, para el que solicitaba 25 millones de pesetas. Posteriormente envió una propuesta en la que el doctor Segura representaría y defendería los intereses de ambos laboratorios ante el COI, con el compromiso de informar a ambos centros de "incidencias que pudieran ser de su interés". Cortés Elvira la rechazó y el doctor Segura no olvidó.
