Ciento volando
El preámbulo. No tengo muy claro que los espectadores que ocupaban las gradas del Bernabéu fueran el prototipo de fan de Operación Triunfo. Ya sé que el programa lo veía toda España, pero uno imaginaba que el perfil de fanático lanzamensajes sería más bien una jovencita adicta al Pronto y no un tipo con cara de bestia y bota de vino.
Sin embargo, me parece un infalible sistema antidisturbios. Es imposible partirse la cara delante de Rosa y en todo caso el instinto asesino que todos llevamos dentro se enfoca más hacia Bustamante que hacia el tipo de enfrente. Chenoa y los niños puede hacer mucho por la paz mundial. De hecho, debería haber arbitrado Bisbal, incluso Nina.
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El partido. El Madrid organizó un Maracanazo para celebrar el Centenario y le salió macanudo. No puedes invitar a los enemigos a tu cumpleaños. Esto había quedado divino con un amistoso entre el Madrid y el Santa Pola, lleno de resonancias nostálgicas. Pero no. Hay que ser más papista que el Papa.
En fin, que la cosa la fundó un catalán y otro catalán, Sergio, se la clavó. Y el segundo gol tenía que ser de Tristán, la novia rechazada. Y entretanto Víctor, otra ex, dejaba en evidencia el fútbol geriátrico de Figo. Había muchas venganzas pendientes para que los gallegos soplaran las velas. Mauro Silva, el único que sabe lo que es cumplir cien años, dirigió la orquesta y escribió la letra. El título de la canción: Ilusión, divino tesoro. El estribillo: No te duermas en los laureles que no te subes en la Cibeles. Canta el orfeón blanco.