Tristán sí que sabe
Tristán dio una lección. Marcó el segundo y decisivo gol, es cierto. Pero a mí me maravilló su capacidad para llevar la pelota donde al equipo contrario le hace daño. Es un ariete moderno, completo, audaz y resolutivo. Con sus movimientos de cintura, con sus desmarques galácticos y con ese saber situarse hizo añicos la moral de Pavón, de quien se esperaba bastante más. Y, a la vez, Tristán se cargó el crédito de Morientes, uno de los fracasados en el bando blanco. El Madrid volvió a depender del nueve en el área y el nueve no se llevó nada a la boca. De poco vale que a veces se descuelgue con cinco tantos, si cuando el equipo le necesita con increíble urgencia, no tiene recursos en la manga para dar la campanada. En París, cuando la Octava, sí fue el Moro que sus compañeros necesitaban. Ahora está bastante blandito. Camacho sacó sus conclusiones para el Mundial.
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Y como siempre el Madrid volvió a depender de Raúl. El hombre que nunca falla. El ejemplo para todos. Atento a la jugada, espabilado, rompedor y llegador. Hizo el gol y peleó en todo momento por el balón, aunque no fuera siempre con mucha suerte. La pelea en la que se enzarzó con Mauro Silva, Molina y medio equipo deportivista fue el reflejo de la tensión con la que saltó. Siempre él.
Una vez más el Madrid se desinfló en la primera parte por la medular. Hace semanas que Helguera anda despistado. Lo he hablado con él, y su respuesta es que está bien, que tiene confianza y se propone ir al Mundial. No me lo creo. Algo le sucede en la rodilla y algo le sucede en la cabeza. Ni tiene fuerza para pelearse de igual a igual con Mauro Silva, ni sensibilidad en el pie para acompañar a Zidane en la construcción de juego. Por este descosido se le fue al Madrid el balón en la primera parte. Del Bosque mandó a Helguera al puesto de Pavón para intentar remendar dos problemas. La verdad es que el Deportivo fue más vivo en la lucha por imponer un ritmo de juego ajustado a sus condiciones.