Copa del Rey | Real Madrid 1 - Deportivo 2

Fútbol es fútbol

Dos horas en un estadio de fútbol dan para mucho, y más si se trata de una final de Copa con todos los ingredientes. Desde la grada, pendiente del juego y de cómo se comen las uñas los aficionados de uno y otro bando, las cosas se ven de otra manera. Ahí sí que hay pasión y nervios.

<B>LA COPA CENTENARIA SE MARCHÓ HACIA LA CORUÑA.</b> El Santiago Bernabéu albergó la final número 100 de la historia de la Copa. No sólo el Real Madrid vivía un día de aniversario. Y la Copa centenaria se marchó camino de A Coruña.
J.J.Santos
Actualizado a

Intrusos. Seguro que dentro de unos meses despiertan pasiones en el Bernabéu pero ayer, los chicos de Operación Triunfo no se comieron una rosca. El personal estaba a otra cosa. Lleno el Fondo Norte y semivacío el Sur. Los gallegos habían tomado precauciones y llenaban su grada hora y media antes. Pero la mini-fiesta no resultó. Café Quijano sonaba de cine pero, nada. Cruz y Raya acortaron su show porque aquello no pitaba. Y los chavales de la Academia, ahogados en sus propios saltitos. Yo que la Federación, me dejaba de inventos para próximas ediciones. Eso no va con el fútbol.

Calentamiento. Los del Madrid se tomaban con calma lo de ocupar su asiento cuando su equipo ya calentaba. Solari era uno más del grupo. ¿Estaba mal Figo? El argentino desapareció tras unos minutos. Figo estaba bien. Y Casillas, que de corto ponía a prueba a César. Papeles cambiados. ¿Era una premonición? Posiblemente. Otro dato previo. Medio campo mal y medio bien. El reimplante había quedado a medio camino. Por eso, el Depor quiso jugar en la parte fetén y eligió terreno tras el sorteo. Antes, el Príncipe se había sumado a la fiesta acompañando a sus padres. En el parte de bajas del Palco, Aznar y muchos ministros. Minutos antes se estaban peleando en el Congreso buscando a González en Marruecos y, claro, les pilló el toro.

El toque molesto antes de que rodara el balón lo pusieron algunos en el Fondo Sur. Unas inoportunas bengalas de color azul nublaban el desplegable de una enorme pancarta que recordaba el Centenario merengue. Por fortuna, poca cosa en el apartado de incidentes. Mejor. Para entonces, sólo mirábamos al balón.

Sangre en el ojo. El verdadero calentamiento llegó pasados unos minutos, cuando Sergio ya había destrozado parte de las ilusiones de la parroquia local. Fue una jugada de casta de Raúl, echándose el equipo a las espaldas, que fue respondida con contundencia por Scaloni y Mauro Silva. El detalle llegó cuando se revolvió el delantero y provocó la salida como un resorte de Molina de su portería. Recorrió veinte metros para zarandear a su antiguo compañero de selección. ¿Cuentas pendientes? Puede. Aunque la Eurocopa del 2000 pilla un poco lejos. Era como si Molina no permitiese que el delantero diera la vuelta a la tortilla. Pero éste estaba con sangre en el ojo. Lo percibía la grada. Existía el pique, y no sólo de Molina. Hubo detalles de Víctor durante el partido que nos hicieron recordar su injusta salida del club que ayer cumplía cien años. Que se lo digan a Roberto Carlos, que lo sufrió.

Ironía. Me recordaba mi compañero de asiento lo bueno que es Valerón, lo fácil que lo hace, mientras yo le replicaba que Casillas es el mejor en el mano a mano con los delanteros y que estaba en el banquillo, cuando la afición deportivista, con clara ventaja en el marcador, se marcó un detalle que nos dejó boquiabiertos a todos. Por simpático e original. No se les ocurrió mejor cosa que cantar el Cumpleaños Feliz. Pelín de la mala leche había.

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Esperanza. Cautivo y desarmada, la tropa blanca, con casi todo perdido, suelta un grito desgarrador desde el Fondo Sur: Raúl, Raúl, Raúl. Grito de esperanza, desesperado. Saben que o se pone el mono de trabajo él o aquello está perdido. Era como sacar al Cristo en procesión para pedir agua ante tanta sequía. Mientras, los gallegos piden que bote Riazor, como homenaje a los miles de aficionados que se tuvieron que quedar en La Coruña.

Fiesta. Pero por encima de destemplanzas y topetazos propios de una final, me quedo con el maravilloso ambiente de unos y otros. Sufriendo hasta el último minuto, apurando cada jugada como si les fuera la vida en ello, sobrándoles el moderno sistema de calefacción que adorna el Bernabéu desde hace unos meses. Así durante cien años, moviendo masas de la misma forma. Por eso, en el final, cuando el campeón levantaba la Copa, nos dimos cuenta de que al fútbol, por fortuna, ni le falta ni le sobra nada. Gracias.

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