Yo digo Juanma Trueba

Maldita duda

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Para un madrileño hijo de gallegos esto es como si te preguntan a quién quieres más, si a tu padre o a tu madre. Son muchos años en Madrid, mil balones regañaos, la primera visita al Bernabéu, el brillo de la hierba y el olor de los puros. Frente a eso: los veranos en Galicia, los partidos en la playa, el abuelo que era socio y aquel penalti de Djukic.

Es verdad que este Depor ha perdido el romanticismo que le daba Arsenio, ya son ricos de aburrir; les pasa como a Zara. El Madrid no cambia, siempre altivo y chulángano (chulo y zángano). Estar del lado de los que ganan provoca ciertos complejos imperialistas, pero cómo ser del Lacón C. F. pudiendo ser del Percebes F. C.

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Hasta que te sale la vena Bin Laden y descubres, de repente, que todo lo que parece en contra de los gallegos está a su favor: la fiesta, el Centenario, el Bernabéu, la que se puede armar como ganen. Ese puntito sádico es casi irresistible. Por eso no ves un deportivista con miedo, que han llegado a Madrid como Astérix a Roma, sólo ha faltado que bajaran por la carretera de La Coruña con Lendoiro en volandas, galos de Galicia.

Hoy sólo me vale un empate agónico y una prórroga eterna, que algo así debe ser el cielo, un partido infinito con Paula Vázquez sirviéndote camarones y bravas y tú sin saber muy bien a quién comerte.

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