¿Ni ganarle a Rusia...?
No, miren, eso sí que no. En otra vida, en otra época, una medalla española en un Europeo de atletismo, bajo cielo o bajo techo, era misión posible. Pero ganarle a la Unión Soviética o a Rusia en un medallero continental... pues no. Comparativamente, es como si en estos momentos se aventurase que España va a sacar más medallas olímpicas de atletismo que Estados Unidos... o que la Selección Española de baloncesto pueda ser capaz de batir a cualquier combinado de la NBA en una final oficial.
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Lo que está pasando aquí merecería estudio, de no andar ocupada la gente en otros asuntos. El deporte español es la comidilla de Europa: mucho más que en una sociedad civil española desprovista de conciencia deportiva. Para entendernos: ¿tendría cabida en el mercado español un periódico como LEquipe? No, padre. ¿Quién podría hacer ese periódico? ¿Quién lo compraría...? Y la sección de deportes de The New York Times, mejor ni imaginarla. No vendería, punto.
Se ha llegado a un sistema retroalimentado, chato, en el que el éxito que es un cañonazo en Europa y que hace morirse de envidia a rusos, franceses y alemanes, es flor de... horas: una marea nihilista que, a este paso, va a llevarse más cosas por delante y devorará este insólito récord de medallas... lo antes posible. Y la culpa es... del sistema.
