"Sólo soy un joven vasco que jugaba al voleibol"
El 19 de febrero ETA puso una bomba en su coche. Eduardo perdió una pierna. Fue nombrado mejor deportista universitario vasco en 2001.
¿Cómo se encuentra?
Bien, muy bien diría yo. No tengo dolores, ya me han quitado todos los tubos, y por fin me he sentado en la silla de ruedas. Mi estancia en el hospital comienza a llegar a su fin. Le estoy muy agradecido a todo el personal de Cruces por el trato que he recibido, porque han hecho todo lo posible para hacerme más llevadera la estancia aquí.
Me ha comentado antes de entrar en esta sala que las curas han sido muy dolorosas, seguro que ha tenido que sufrir más de lo que dice.
Alguna sí ha sido dolorosa, no todas. Pero de todas maneras tampoco ha sido exagerado porque los médicos y las enfermeras también me han evitado en lo posible los dolores. Creo que todo está yendo bien.
Lo dice usted con un optimismo exagerado. No podía imaginarle de tan buen ánimo.
Es que ETA no ha podido conseguir lo que perseguía. Tan sólo ha podido acabar con mi vida deportiva, pero me han dicho los médicos que, salvo eso, podré hacer una vida normal cuando termine la recuperación. Supongo que no va a ser fácil, que tendré que hacer un tremendo esfuerzo para ganar masa muscular y todo eso, pero por lo menos voy a seguir igual que antes, intentando que ETA no consiga que todos en Euskadi digamos lo que ellos quieren que digamos.
Afirma usted que el deporte se ha terminado en su vida, pero he oído que su entrenador afirmaba que a lo mejor seguía como deportista discapacitado.
No. Eso lo he descartado. Lo que sí tengo claro es que si mi club, el Deusto, quiere contar conmigo para algo, directivo, o así, yo encantado de ayudar. Mi pasión es el voleibol y si me necesitan o me quieren, saben que van a contar conmigo.
Ahora que su carrera deportiva se ha terminado, ¿qué cree que le ha faltado conseguir?
Para mí ha sido una tremenda recompensa jugar con los que han sido mis compañeros. A los más veteranos yo les seguía cuando era niño, y luego tuve la fortuna de coincidir con ellos. Muy lejos no iba a llegar en el voleibol, pero sí me hubiese gustado jugar una fase de ascenso. Eso sí que me falta.
La noticia del atentado contra usted ha sido un asunto internacional para el mundo del voleibol. Ya estará avisado de que desde todos los rincones del planeta ha habido muestras de apoyo para usted.
Es como una gran familia, y claro que me ha impresionado cómo se ha comportado la gente. Empezando por mis compañeros de equipo, hasta los jugadores de los clubes de mi categoría, los internacionales, Robles, Pascual, todos. La verdad, es emotivo recibir tanto cariño por parte de tanta gente que ni me conocía ni sabía nada de mí.
¿Es cierto que hasta el Real Madrid le ha mostrado su simpatía?
Es un honor que un club tan importante haya tenido ese detalle.
¿Le ha faltado ese gesto a su Athletic de Bilbao?
Yo tampoco lo buscaba. No hacía falta. En realidad, no he echado en falta el apoyo de alguien concreto. Por aquí mismo han pasado amigos míos del barrio, del instituto, que votan a Batasuna y que han llorado por lo que me han hecho. Los políticos no, pero los votantes y simpatizantes claro que sienten estas cosas.
Me imagino que en su club tendrá compañeros de todas las tendencias.
Tal vez sí, pero en Euskadi los asuntos políticos no se tratan. Vamos, que no hay mucha facilidad para hablar de ellos. Nosotros preferimos hablar de mujeres, o de fútbol o de tomar alguna copa. Tanto si piensan como yo como si no, lo cierto es que mis compañeros están teniendo un comportamiento fantástico conmigo.
¿De qué habló con el Lehendakari?
Me visitó y estuvimos aquí media hora, hablando de lo divino y de lo humano. Yo lo que creo que debe hacer el Lehendakari es dedicarse de una vez a trabajar por asegurarnos las condiciones de vida de los que vivimos en Euskadi.
Usted era hasta ahora un caso poco común, de joven político y deportista.
Yo soy un joven vasco que jugaba al voleibol porque es su deporte favorito, que sigue la competición nacional e internacional, que se apasiona con la selección, que va a ver los partidos del circuito JB de voley playa, que disfruta con sus amigos del voleibol, y luego, además, tiene un compromiso personal con las juventudes socialistas. Claro que es complicado hacerlo todo a la vez, porque de alguna parte tienes que sacar horas, y el deporte aficionado exige mucho sacrificio, con viajes larguísimos, con mucho tiempo perdido.
¿Qué cambiaría en el deporte?
En el País Vasco existe una tremenda vocación deportiva, con mucho asociacionismo, pero con una evidente falta de apoyo institucional. Aquí los clubes sobreviven en precario y sin ayudas, y ves como el Athletic, por ejemplo, se gasta el dinero en cuestiones banales. Es imprescindible el apoyo institucional para que todos podamos hacer deporte en igualdad. No hay que pretender que otros deportes tengan el realce mediático del fútbol, pero tampoco es para eliminarlos.
¿Qué le ha parecido el caso Muehlegg en Salt Lake City?
No estoy ahora muy puesto en el deporte, aunque sí me han llegado los ecos, claro. Pues yo creo que si nació alemán, pero se nacionalizó español, pues es español. Y más ahora con la Comunidad Europea. La verdad, nunca he sido muy partidario de las fronteras.
Su Athletic sólo admite vascos.
Bueno, es una costumbre, una característica. Otros se gastan miles de millones en un jugador y no lo criticamos. No sé por qué, pero me gusta ser del Athletic.
¿Qué va a ser lo primero que haga cuando abandone el hospital?
Pues intentar que mi vida vuelva a ser como antes de aquel día en que la paralizaron. Pues a lo mejor me acerco a ver el último partido de mi equipo, el Deusto, que juega el próximo sábado en casa, o voy a San Mamés, porque aunque no vayamos a ganar la Liga siempre hemos jugado en Primera. En fin, no lo sé, pero sí que trataré que mi vida sea igual, mi club, mis amigos, mi deporte, mis Juventudes Socialistas.
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¿Es el momento de dar el salto al Partido Socialista?
Uy... Todavía me quedan cuatro años de estar en las Juventudes, y en ese tiempo pueden pasar muchas cosas.
