La familia: "España ha dejado tirado a Juanito"
Antonio Agostinho, el marido de Justina, la santera de Muehlegg, afirma: "El médico del equipo nacional le puso a Johann el cuchillo en el cuello".


Johann Juanito Muehlegg, ganador de dos oros olímpicos para España en los Juegos de Salt Lake City y protagonista de un escándalo sin precedentes en nuestro deporte al ser desposeído de un tercer oro por dopaje, se encuentra desaparecido del mapa, aunque todo apunta que está en suelo alemán.
Pero no así su clan. Sus cuatro personas de confianza (su madre Magdalena, su santera Justina Agostinho, su cocinero Antonio Agostinho y su hermano Martin) se encuentran en el Zum Jeremia (Casa Jeremias), la casa hotel que la familia regenta en la pequeña localidad de Grainau, al sur de Múnich, en las faldas de los Alpes alemanes. Y aunque no se dejaron fotografiar ni una sola vez, sí accedieron a hablar para AS durante más de media hora, en la que quedó clara una cosa: el entorno de Muehlegg echa pestes del trato español y, a su juicio, "España ha abandonado a Juanito".
A Magdalena, la madre del esquiador, es a la que más le cuesta hablar del asunto. Interrumpió la charla en un par de ocasiones para marcharse a llorar sola. "Mi hijo no ha tomado nada", repite una y otra vez. "Él sólo tenía en la cabeza esquiar y esquiar. Para él no existían las vacaciones, siempre iba a entrenarse a la montaña. No paran de llamarme desde España, también austriacos y noruegos. Han llegado a preguntarme si todavía amo a mi hijo. ¡Claro que sí! Él no ha matado a nadie". El teléfono vuelve a sonar por quinta vez. En esta ocasión es su hijo Martin, mánager de Johann. Martin Muehlegg, que había salido de la casa, les pide que no hablen más con los periodistas.
El cocinero. El que sí lo hace, aunque con recelo al principio, es Antonio Agostinho, un portugués con nacionalidad alemana de 58 años que en Salt Lake City hizo las funciones de cocinero, y se despacha a gusto: "¿Qué quieren saber ustedes? No queremos periodistas aquí, pero ya que están pregunten. ¿Qué pensamos nosotros? Que España ha abandonado a Juanito, ha sido un negocio para ellos. Él lo siente así y nosotros también lo creemos. Tiene el pie de España encima de su cogote aplastándole. El Rey, Aznar, el Secretario de Estado... todos muy felices y contentos al principio, pero luego nada. Pesa más el positivo por dóping que las dos medallas".
En este momento aparece por el salón la famosa santera o curandera particular de Johann, Justina Agostinho. La esposa de Antonio está recién levantada, se pasea en batín azul y se la oye decir a su marido en un alemán con muy malas pulgas presse espionajen, o algo parecido. No hace falta ser descendiente de Bismark para entender qué quería decir que los periodistas son espías y que no se debe hablar con ellos. Pero el cocinero no le hace caso y sigue, de nuevo en compañía de Magdalena, quien ha dejado de llorar por un momento. Y toca una parcela muy polémica: "El médico del equipo (se refiere a Benjamín Fernández) le puso el cuchillo en el cuello. Él tenía todos los informes de los controles anteriores al del positivo y vio cómo la curva (por la hemoglobina) iba subiendo. Le tenía que haber dicho que parara, que no corriera los 50 kilómetros. Yo no sé si se ha dopado o no, pero el doctor sabía que había ese riesgo y no hizo nada. Como ya había ganado dos oros y gloria para España a ellos les daba igual".
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Ritos religiosos. A lo que no contesta es a la pregunta de quién es su médico y el papel que juega su mujer en la preparación del esquiador: "De mi mujer no hablo porque el estado alemán no permite hablar de los ritos religiosos particulares".
Con todo este panorama y la posible suspensión de dos años rondando a Juanito (que ya ha cumplido 31 años) resulta difícil creer que defenderá otra vez en el futuro los intereses del esquí de fondo español. Agostinho lo confirma: "Ahora no creo que vuelva a correr para su país, pero la historia futura tiene muchos caminos y es variable. Además, Juanito lleva más de medio año sin recibir dinero español. En Salt Lake City se gastó en tres semanas 5.000 marcos (2.500 euros) sólo en comida para mantener a su gente".