Nos ven como paraíso del doping
En Europa nos toman a pitorreo. No hay más que leer las portadas de los principales diarios. Tendrán razón o no, pero es así como nos ven. Lo peor es que no se trata de un hecho puntual. El caso ya arranca de lejos. De cuando en Francia descubrieron que Perico Delgado utilizaba enmascaradores, permitidos, sí, pero a una semana de ser prohibidos, que Indurain era asmático, que Fiz pasaba de ser un discreto fondista a campeón del mundo de maratón, que a Del Olmo le sancionan con tres años por dar positivo en el Tour y aquí se le deja correr... Y ahora, lo que faltaba, el positivo de Muehlegg.
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Muehlegg era un gran esquiador, pero que no había ganado nada con Alemania. Llega a España y ¡zas! campeón del mundo y triple campeón olímpico. Bueno, ya sólo doble. Alemania se chotea por motivos obvios, y Francia e Italia se suben al carro, porque son países que tras criminalizar el doping para combatirlo con mayor eficiencia, han visto que aquí no seguíamos sus pasos. En Francia los gendarmes paralizaron el Tour y en Italia los carabinieri tampoco se anduvieron con tonterías en el Giro. Como en España el doping no es delito, los jueces no pueden actuar, y nos ven como país franco en la materia.
No se trata de meter a los deportistas en la cárcel, sino de establecer los mecanismos para luchar de verdad contra el doping. Con la situación actual, sólo las autoridades deportivas tienen competencia en materia de doping y su potestad no va más allá de hacer controles, cuya eficacia es limitada entre enmascaradores y sustancias invisibles, como lo ha sido la EPO, que ha tardado nueve años en detectarse. El secretario de Estado para el Deporte, Gómez Angulo, se tiene que comer ahora el marrón y ha pedido comparecer en el Congreso para convencernos de que en España sí combatimos el doping.
