Héroes y villanos
Cada año salen nuevos fármacos al mercado. Los médicos que se encargan de la preparación biológica de los deportistas están muy al tanto de ello. Para eso cobran. Saben que en las dosis adecuadas, el rendimiento físico de su deportista puede mejorar notablemente. Tratan, además, de que esos productos, aunque estén prohibidos, no se detecten en los controles. Al principio es fácil. Las máquinas de los laboratorios no están calibradas para encontrar los metabolitos que revelen la existencia de los nuevos fármacos, precisamente por eso, porque son nuevos. Esa es la trampa.
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El mismo Aranesp no figura todavía en la base de datos del Consejo de Colegios Oficiales de Farmacéuticos. El producto contiene darbepoetin, que se elimina más rápido -no tendría que aparecer en el control del sábado-, pero mantiene sus efectos. Se descubrió porque el control fue por sorpresa el jueves y porque en el ordenador se introdujeron los datos necesarios para detectar el darbepoetin. Si Muehlegg hubiera desaparecido de Salt Lake City hasta el día de la prueba, como hacen otros deportistas durante el año para evitar controles por sorpresa, hoy quizá estaríamos orgullosos de sus hazañas.
Los grandes campeones son los mejores, los que más se entrenan, pero también los que mejor preparación biológica tienen. Si no les pillan son unos héroes, si les pillan se convierten en villanos. Que se estaban utilizando nuevos productos ya se intuía -no hay más que recordar el registro que se hizo en el último Giro- y lo que comienza a preocupar también es que ya se habla de una mafia entre los controladores de los laboratorios que, a cambio de mucho dinero, nunca detectarán determinados positivos. Ante tal panorama, creer en la legitimidad de una victoria va a acabar siendo un acto de fe.
