Yo digo PEDRO PABLO SAN MARTÍN

Un gol decisivo

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El Madrid estaba KO y probablemente fuera de la Liga en el minuto 45. El Alavés pisaba el cuello al equipo blanco, ahogándole por impotencia. El Bernabéu observaba el declive y con un coro de silbidos intentó agitar las conciencias de sus jugadores. Fue un momento serio para las aspiraciones del club blanco. Una derrota significaba despeñarse hacia el abismo desde lo más alto de la tabla. Sin rumbo, sin orden, sin pegada, el equipo de Del Bosque soportaba los golpes agarrado a las cuerdas. Y ocurrió lo imprevisto en el minuto 46: apareció Salgado para fabricar una jugada sublime y establecer un empate trascendental.

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Ese gol fue de oro. Se recordará al acabar la temporada como punto de inflexión en la trayectoria del Madrid, pues estaba al borde de hincar la rodilla en la Liga, más aún pensando en otro posible traspié definitivo en Vigo. Al regresar del descanso los jugadores madridistas tenían otro semblante, más optimista y comprometido con pelear por la victoria. El susto había pasado.

La grandeza de este Madrid quedó patente en la asunción de responsabilidad por parte de un actor secundario. Y, minutos después, con la capacidad de liderazgo del estandarte del madridismo reciente: Raúl González. Un currante del balón y un superclase, unidos por una causa común en el día más delicado del equipo blanco en la lucha por el título.

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