Salt Lake 2002 | Esquí de fondo

Muehlegg busca su tercer oro

Cincuenta kilómetros separan a Juanito de otra medalla olímpica, aunque reconoce que el estilo clásico de la prueba de hoy no es su preferido.

<b>A POR LA HAZAÑA.</B> no hay dos sin tres. O eso es lo que espera Muehlegg, que también quiere triunfar en la prueba más dura y exigente del fondo.
Alejandro Delmás
Importado de Hercules
Actualizado a

Cincuenta kilómetros moviendo los esquíes en paralelo y campo a través, como hace otro corredor de fondo, el presidente Aznar, separan a Johann Juanito Muehlegg de su tercera medalla de oro y de su ascensión al santoral de estos Juegos Olímpicos. El llamado Rey de Soldier Hollow (el circuito sobre el que se disputan las pruebas de fondo) regresa a su campo de batalla predilecto. "Ziii, yo quiero llevar la bandera española otra vez, pero esta será la carrera más dura de todas, aunque el clásico no es mi estilo preferido", avisa Juanito a los navegantes de ocasión, después de reincidir en las advertencias sobre su vida privada...

Diga lo que diga, Johann Muehlegg es muy favorito en las tres vueltas a las 10 millas (16,7 kms.) del circuito más largo que se ha preparado en el Valle del Soldado. Es cierto que el clásico no es el mejor estilo del bendito y blindado atleta de Baviera: él prefiere avanzar sobre la tundra, un germánico vehículo acorazado de un SS PanzerKorps, desparramando fuerza, que le sobra, y sin reparar en vatios de potencia, que los tiene, para llevarse todo por delante. El motor de este hombre es algo sobrecogedor. En efecto: inquietante. Porque, además, parece que ni siquiera se cansa a bordo de sus zapatones.

Dos horas de esfuerzo. La carrera arranca a las 17:30 (horario español, transmitida en directo por La 2 y Teledeporte) y se supone que debe durar algo más de dos horas. Se trata de una contrarreloj individual en la que los participantes salen con treinta segundos de intervalo... y donde los jueces vigilan rígidamente el cumplimiento de la norma fundamental: hay que ir con los esquíes en paralelo, casi como si fuera paso de oca... y está prohibido skatear o patinar sobre el hielo y avanzar a golpes de potencia, un esquí para allá y otro para acá, como Zapatones Juanito querría en el fondo de su corazón.

Se supone que Justina Agostinho andará por aquí, escoltando al chico más santo de Markoberdorf. ¿Qué son cincuenta kilómetros y dos horas de pasión para un gigante bendecido con los auxilios de la religión y con el fabuloso motor de a bordo que propulsa a Juanito? Nada, una minucia.

Duelo con Aznar. El problema llegará después: Muehlegg ha prometido al presidente Aznar que, tras ganar la tercera medalla, le va a dar la oportunidad en una carrerita amistosa, a finales de marzo.

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Y ahí, sin suecos ni austriacos alrededor, sí que tiene que tener cuidado Juanito con quién gana y quién pierde. Será mejor que Justina ande por allí, cerca de José María. Por lo que pueda pasar...

Pero, de momento, su objetivo hoy será sumar ese tercer oro que incremente un prestigio que incluso ha hecho cambiar de opinión a Paquito Fernández Ochoa. Y es que ahora todos queremos a Juanito...

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