Sergio desquicia a rivales y periodistas
Ha cambiado su ritual antes del swing y se lo piensa tanto para dar a la bola que ha rozado la penalización de dos golpes por tiempo.

El golf mundial vive conmocionado por la disputa del Mundial Match Play que se disputa en Carlsbad (California). El miércoles arrancaron los 64 mejores del mundo. El jueves quedaban 32 y ayer tan sólo 16. Es como si fuera Roland Garros, o Wimbledon, mejor pensado, por eso de la hierba...
Dos españoles han causado sensación. Mientras los genios Woods, Love, Singh, Els, Duval o Mickelson se quedaban en el camino, José María Olazábal y Sergio García nos hacían soñar con una final española que se disputaría mañana a 36 hoyos.
El vasco se vengó de Justin Leonard en primera ronda, antes de derrotar a Retief Goosen, el surafricano número uno europeo. Ayer, ya en octavos de final, se enfrentaba a Mark Calcavecchia para meterse en cuartos. Por su parte, el castellonense también se quiere apuntar a la lucha por el millón de dólares. Tras vencer a Janzen y Howell, García tenía un complicado rival en Scott McCarron, que iba dos hoyos arriba a mitad de recorrido.
En este torneo Sergio García desafía la paciencia de los aficionados, de la prensa, de sus mismos compañeros de juego y de la ley del golf... De un tiempo a esta parte, el Niño ha experimentado un cambio en su ritual antes del swing (movimiento de impacto a la bola). Utiliza uno clásico entre los golfistas que no tienen nada claro lo que debe hacer antes de dar el golpe. Se coloca, agarra el grip (empuñadora), lo suelta, lo agarra, lo suelta... levanta el palo, lo vuelve a apoyar en el suelo.... Eso se llama, en el argot, el waggle.
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Lo hace tan repetidamente que hasta los reporteros que siguen los torneos le cronometran y cuentan cuantas veces repite el mismo ejercicio, de manera casi desquiciante. En el partido inaugural del Mundial Match Play, García cogió el grip del palo 36 veces en el primer golpe del hoyo uno. El jueves, en la salida del 18, estuvo 41 segundos plantado ante la bola antes de pegarla. El máximo que permite las estrictas normas de Saint Andrews es de 50 segundos. García está al límite de la penalización (dos golpes por juego lento).
Quien haya jugado alguna vez un partido de golf debe reconocer lo nervioso que pone cuando el compañero, en este caso rival (el Match Play se juega contra un golfista y no contra el campo), se harta de dar rodeos al swing antes de decidirse a tirar. En Carlsbad, Sergio ha justificado este hecho: "No se crean que estoy demasiado cómodo ante la bola, por eso me lo pienso tanto".