Qué bueno que viniste
Hablar de Kempes futbolista es fácil. Pero todavía es más hablar de él como persona. En su época fue el mejor jugador del mundo y podía presumir y alardear de todo. Pero no sólo no lo hacía, sino que era sencillo, humilde y un extraordinario compañero. He tenido y tengo la enorme fortuna de haberlo tenido como compañero. Muchas horas y muchas vivencias junto a él y cada día me asombraba un poco más su extraordinaria humildad. Era incapaz de hacer daño, por mucho que se lo hicieron, y mira que se lo hicieron. Infinidad de anécdotas afloran en mi memoria.
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Recuerdo una en especial. Nos íbamos de gira por Japón y los jugadores reclamamos un fijo por partido. El club nos lo negaba y nos amenazó con suspender la gira. Lógicamente, en Japón querían ver a Mario, no a nosotros, que nos conocían en casa y poco más. El Valencia quiso que Kempes desistiera. Le ofreció dinero sólo a él y chantajeó al resto de la plantilla. El argentino se negó a coger la plata. Al día siguiente nos lo contó: "Si hay plata será para todos, no sólo para mí". Este detalle demuestra por sí sólo la clase de persona que es Marito.
Lo que más deseaba era volver a España y lo ha conseguido. Entra como a él le gusta: de forma humilde, pero conocimientos y sabiduría tiene para dar y tomar. ¿O es que alguien lo pone en duda? De necios sería negarle ese don y por eso, como dicen en Argentina, Marito, qué bueno que viniste. Sé bien las ganas que tenías de aterrizar en tu segunda patria. Espero que todo te vaya bien. Has dejado huella en mucha gente y a mí me enorgullece cuando hay gente que me dice: "Tú has jugado con Kempes, vaya pedazo de jugador".