Yo digo Alejandro Delmás

La vida privada de Muehlegg

Alejandro Delmás
Importado de Hercules
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Pregunta: ¿Tiene vida privada un extraño campeón olímpico, con tanto por descubrir a sus conciudadanos de adopción? Respuesta: todo el mundo tiene derecho al respeto de su intimidad. Pregunta (II) ¿Es intromisión en la vida privada contar al público quiénes son y a qué se dedican los acompañantes habituales de este campeón —que no se esconden—y cómo el citado deportista, Juanito Muehlegg, organiza y destroza sus flujos vitales y sus relaciones con la Federación y sus (ex) compañeros...? Quien dé una respuesta positiva a esta segunda pregunta, no debe dedicarse al oficio de periodista. Y, si lo hace, sale al combate con armas del siglo XIX en plena guerra de las galaxias.

Por mucho que le duela a Muehlegg y sobre todo a su hermanito Martin, que es el que mueve el cotarro, su historia con la santera Justina Agostinho y su ruptura de facto con dos federaciones (en Alemania y en España, por extrañas conspiraciones que nadie comprende) no pueden silenciarse. Mucho menos, si Justina aparece hasta por la sala de prensa. Y el que se cabree, que beba agua... bendita.

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