Salt Lake City 2002 | Esquí alpino

Rienda estuvo tres horas sobre el podio

La granadina acabó tercera la primera manga y soñó con una medalla, pero las condiciones de la pista cambiaron y se tuvo que conformar con ser sexta.

<b>DE VÉRTIGO.</b> La primera manga de María José Rienda fue espectacular. Logró el tercer mejor tiempo, e hizo soñar a los españoles con otra medalla en los Juegos de Salt Lake. Pero al final no pudo ser.
Alejandro Delmás
Importado de Hercules
Actualizado a

A Rienda le va la marcha, el combate. Y por eso, precisamente por eso, se dejó una medalla prendida en las laderas de CB´s Run, la hermosa pista de Park City. La granadina llegó a estar primera tras su recorrido inicial en la primera manga, hasta que la adelantaron la eterna Kostelic y la austriaca Meissnitzer: así que estuvo tercera tres horas, entre manga y manga. "La nieve está muy buena para mí", dijo. En el descanso, Rienda apenas quería hablar, pura tensión, muy cerca del sueño...

Pero a partir del mediodía, la nieve y los sueños dejaron de estar donde Rienda los hubiera querido: la temperatura subió siete grados (de 1 a 8) en CB´s Run, a 2.510 metros de altura... y la pista se ablandó. Suficiente ventaja para que las esquiadoras más rápidas, las que deslizan mejor, anduviesen como tiros: Nef, Dorfmeister, Paerson... y Rienda, un polvorín de potencia, se encontró con otra nieve, mucho más blanda, rumbo al deshielo. "Esto es así y esquí es esquí", dijo Carlos Salvadores, el director técnico nacional de esquí alpino. ¿Ha leído Salvadores al ilustre Vujadin Boskov, "fútbol es fútbol"...?

Muchos cambios. Y Rienda, enfrascada en la disección del cambio de nieve y puertas (de 52 a 49), no pudo pensar a la vez que deslizarse. Ya lo dijo Babe Ruth, la leyenda bateadora del béisbol: "Nadie puede pensar y batear a la vez". Pues eso: cuando Rienda, que salió en el puesto 13 de la segunda manga, cruzó la meta, ya había perdido la medalla ante Paerson, Dorfmeister y Nef. Y quedaban dos aludes deslizantes: Meissnitzer y, sobre todo, Janica Kostelic, la sobrenatural croata de glúteos de acero, que firmó su tercera medalla de oro y cuarta en estos Juegos.

"El problema estuvo en la mitad del recorrido: hubo dos puertas a las que no me acoplé y había que estar perfecta para sacar la medalla. Da rabia, pero hay que estar contentos: aquí estoy, sexta en unos Juegos Olímpicos", se consolaba María José Rienda, cuyos planes de salud los traza Tomás Calero, médico del Betis.

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Aquello era una nube de periodistas que más parecían surferos o veraneantes, por sus intenciones y bronceado. En ese sol de los playboys de la nieve, en ese deshielo anticipado de CB´s Run y en esa pista no apta para pequeños motores turbodiésel se quedó colgada la medalla de Rienda, la medalla española pata negra.

Las otras españolas. Bastante menos fortuna tuvieron, desgraciadamente, las otras dos esquiadoras españolas participantes en el gigante. Ana Galindo sólo pudo clasificarse en el puesto 26, mientras que Carolina Ruiz se fue por los suelos en la primera manga, así que sus ilusiones se esfumaron antes de lo previsto.

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