Niños a 200 por hora
No es la primera vez que escribo que permitir a un chaval de 15 años subirse a una moto para que, a más de 200 kilómetros por hora, compita contra los profesionales me parece una insensatez. Lo vuelvo a hacer, porque Jorge Lorenzo se dispone a establecer un récord de precocidad: disputar el Mundial con 15 años y un día. ¿Y por qué no hacerlo con 14 años y 364 días? Es evidente que la razón es un reglamento que impide competir con menos de 15 años. Pero a esa edad la frontera entre la niñez y la adolescencia es tan sutil que apenas hay diferencia. Se tiene más de niño que de adolescente.
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Cuestiones de madurez aparte, el organismo no está formado a los 15 años. Por ese motivo no se permite a ningún atleta competir en la maratón antes de cumplir los 18 años. Ni siquiera se admite su inscripción en las maratones populares. La dureza, tanto del entrenamiento como de la carrera, le ocasionaría daños en su estructura ósea por encontrarse aún en fase de crecimiento. Un piloto que se caiga, y todos sin excepción se caen, tiene muchas posibilidades de sufrir fracturas, que habrá que recomponer con placas y tornillos. Afrontar ese riesgo a los 15 años resulta una atrocidad.
Con 15 años y un día, Lorenzo tiene todas las bendiciones para que el próximo 5 de mayo se lance a una carrera en la que el año pasado las velocidades oscilaron entre los 211,7 kilómetros por hora del italiano Sabbatini (25 años) y los 202,2 de Piñera (17). Entre medias, otro español, Pedrosa (15 años y siete meses), que alcanzó los 210. Esto de las motos está llegando demasiado lejos, amparado en unos reglamentos que permiten a un piloto, Fonsi Nieto, subirse a una moto, a la que tuvo que llegar con muletas, porque convalecía de una operación que le redujo sendas fracturas en los tobillos.
