Liga de Campeones | Real Madrid

Peón blanco gana

Santiago Solari se ha ganado con sus últimas actuaciones el cariño de la afición y el respeto de una plantilla que sospechaba de su calidad. Este amante del ajedrez, ha movido ficha en el tablero madridista. Pese a su condición de peón, amenaza a sus vecinos de mayor rango.

Actualizado a

En los últimos meses algo ha cambiado en la vida de Solari. Santiago ha sustituido los clásicos (Borges, Monterroso, Camus...) por el enigmático mundo del ajedrez. En sus ratos libres, "...tanto tiempo para uno mismo", devora libros protagonizados por alfiles, reinas y peones. Argentina también ha cambiado. "Son preocupantes las noticias que nos llegan de allá".

Advierte, mientras introduce una bolsa de la AFA (Asociación de Fútbol Argentina) en su coche, que debe apuntar el título de una película que le recomendaron: ‘La defensa Luzhin’, de clara temática ajedrecística, y lamenta que siempre que va al cine las entradas para ‘El hijo de la novia’ están vendidas. "Las compraré por internet", añade. Por lo demás, es el mismo de siempre. Un apasionado del trip-hop cuyo crédito se ha disparado entre el madridismo.Y entre los técnicos.

Hijo, sobrino y hermano de futbolistas, al igual que Fernando Redondo, su cuñado, el Indiecito tuvo una educación poco habitual en un futbolista, incluido un año en Estados Unidos. Los buenos resultados académicos concluyeron con la licenciatura como profesor de Educación Física, "cinco años cargados de asignaturas teóricas". Apadrinado por Francescoli, triunfó en el Monumental de River junto a los pibes Aimar y Saviola. Pero los millonarios le olvidaron durante 18 meses. Sin renovarle, sin firmarle un contrato. Solari lo aclaró a la hinchada por internet en una cariñosa carta que concluía así: "River ha permitido expresarme y crecer como jugador profesional. Quiero a River y respeto a sus autoridades. Santiago Solari".

Noticias relacionadas

Después emigró a Europa, al Atlético de Madrid. "El frío de Majadahonda y el cariño de los atléticos me dieron la bienvenida a España". Permaneció allí una temporada y media en la que marcó siete goles, "uno de cabeza a Iker". En pleno invierno bonaerense, agosto español, recibió "una llamada de España, de Madrid, del Real".

En su primer año llegó para ser suplente de Roberto Carlos, no concedió una entrevista a los Ultras Sur, mejoró su inglés con su amigo McManaman, trajo a su pareja a España y ganó una Liga. Suplente, pero educado, pagó lo que en Argentina llaman "el derecho de piso". Este año le tocaba mover ficha. Con Zidane pone en práctica el francés que aprende en los libros. Y ahora, bautizado como el jugador número 12, es un peón blanco que últimamente suma más que los alfiles y torres que le rodean. Peón blanco gana.

Te recomendamos en Polideportivo