"Debo mentalizarme de que ya nada será igual"
AS Estuvo ayer en Bilbao para charlar con el ciclista vasco. Su milagrosa recuperación va cada día más a más.
Mañana se cumple un año de su accidente. ¿Cómo es ahora un día en la vida de Javier Otxoa?
Me levanto a las ocho y media y a las diez me voy al gimnasio. Levanto pesas con los brazos y las piernas, doy saltos en unos aros y luego tengo una sesión con Ángela, la logopeda, y otra de psicología con Noemi. Por la tarde bajo al gimnasio del garaje, estoy dos horas con la bici estática y hago más ejercicios. Luego veo alguna película y me acuesto a las once.
¿Lee libros?
No. Sólo algún periódico deportivo.
¿Ha leído algo sobre usted?
No, no me deja mi madre.
La recuperación le estará costando un gran sacrificio.
Estoy un poco gordo. Sigo comiendo mucho, pero ahora no quemo.
Y no le gusta estar así.
No me gusta, porque no puedo hacer nada. No puedo correr y siempre tengo que depender de otra persona para dar una vuelta por la calle.
¿Cuál ha sido el mejor paso de su recuperación?
Dejar la silla de ruedas y poderme manejar con muletas.
¿Qué le han dicho los médicos sobre el futuro?
Que me ven bien. Que estoy progresando mucho y que mientras avance en mi recuperación, todo va bien.
¿Y de poder montar en bicicleta?
He montado, pero sólo por el garaje. Y me manejo mejor que andando. Espero empezar a salir por junio, cuando haga calor. Con frío no me apetece.
¿Le dará miedo salir a la carretera?
Supongo que al principio. Hasta que me acostumbre.
Usted ha superado un coma y la silla de ruedas. ¿Qué le ha dado la fuerza para conseguirlo?
No sé. Quizás que siempre me ha gustado luchar. Nunca tiro la toalla.
¿Confía en la recuperación plena?
Tengo que mentalizarme de que no volveré a ser el mismo. Pero lucharé hasta que los médicos digan basta.
¿Sabe usted que su superación es un ejemplo para todos?
Eso me ha dicho mi padre.
¿Qué les diría a aquellos que han sufrido un grave accidente?
(Medita un rato la respuesta). Que si se empeñan, saldrán. Que si trabajan, pueden superar su minusvalía.
¿Volverá a ser ciclista?
Me gustaría, pero no depende de mí, sino del patrón del Kelme. Por mucho que quiera seguir, si él no quiere...
¡Hombre! También tendría que recuperar el nivel de un corredor profesional. ¿Cree que puede lograrlo?
Lo veo difícil, pero si me lo propongo, puedo llegar. Pero no depende de mí. Si hay dinero, se puede intentar. (Interviene su madre: "Pero Javi, no digas eso. Nunca ha pensado en el dinero y ahora le da por estas cosas").
¿Cuál es su mayor deseo actual?
Que terminen de construir mi chalet en Alhaurín de la Torre, en Málaga.
Hace poco estuvo con el Rey. ¿Qué le pareció?
Que es más joven de lo que parece en la tele y en las fotos.
¿Hablo con él?
Me dijo que estaba más guapo al natural que por la tele.
O sea, que se dijeron lo mismo.
(Por primera vez, sonríe abiertamente).
¿Se ha dado cuenta de lo mucho que le quiere la gente?
Sí, me doy cuenta. Pero me gustaría que me recordaran no porque me ha atropellado un coche, si no porque fui ciclista y gané una etapa del Tour.
¿Recuerda la etapa de Hautacam?
Me acuerdo de todo. De cuando Belda nos dijo que había que estar atentos a los cortes, de cuando me escapé, de cuando me quedé con Durand y Mattan, de cuando me quedé solo... Y también de cuando en el podio Armstrong me dijo que si me llega a coger me hubiera dejado ganar. Pero eso me lo dijo porque llegó 42 segundos después que yo. Si me coge no me deja ganar ni loco, pero así quedó bien. (Vuelve a sonreír).
Quien le quiere muchísimo es su novia, Beli. Eso sí es cariño.
(Se emociona, se calla, tarda en responder). Es de agradecer que haya dejado Málaga para venirse aquí.
Al principio no le gustaba a usted ver las carreras por televisión.
Y no las veo. (Interviene su madre: "¿Cómo que no? Cuando estabas en Mondragón..."). Había treinta tíos viendo la tele y no iba a cambiar el canal.
¿Y ahora, ya en casa?
No las veo. No me gusta ver cosas que antes hacía y ahora no puedo hacer. Me entristece.
¿Sabe que su accidente ha influido mucho para que cambien la Ley de Tráfico en favor de los ciclistas?
No es cuestión de ser o no un profesional. El que va en la bici es una persona, como el que va en el coche.
¿Qué les diría a los conductores?
Eso. Que los ciclistas son personas y que cuando hay un accidente, a los que van en el coche no les pasa nada, pero al ciclista sí.
¿Y al conductor que le atropelló?
No tengo que decirle nada. Cuando llegue el juicio ya se lo dirán la jueza o los abogados. Sólo pido justicia. Quien mata a una persona debe pagarlo.
¿Cree que la vida le ha dado una segunda oportunidad?
Sí. Pude morir como mi hermano. Y estuve 62 días en coma. Y gracias a mi padre, que les dijo a los médicos que no apagaran la máquina cuando creían que estaba perdido, estoy aquí.
¿Cambió su forma de ver la vida?
Nada será como antes. Ahora dependo de otras personas y antes hacía lo que quería. Bueno, tenía que cuidarme como profesional, pero ya está.
¿Alguna vez tiene pesadillas?
No. Duermo muy bien.
¿Se acuerda del accidente?
No. Me acuerdo de que iba en fila con mi hermano. Y que cuando fueron a socorrernos les dije que se ocuparan de él, que estaba peor que yo.
¿Le ha llamado el conductor?
No. (Interviene la madre: "A mí me llamó su mujer. Me dijo que sentía mucho la muerte de mi hijo y que su marido estaba en la cama y tenía que tomar sedantes. Pero él va a solucionar su vida"). El que no va a tomar más pastillas es el difunto Ricardo.
¿Qué es lo primero que recuerda tras salir del coma?
Nada, no me acuerdo.
¿Cuándo supo que su hermano había muerto?
Me lo dijo mi madre en Mondragón.
¿No lo sospechó antes?
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