Yo mismo J. J. SANTOS

El valor añadido

J.J.Santos
Redacción de AS
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Volvió el run run al Bernabéu. ¿Por qué? Tres elegantes controles de balón fueron suficientes. Antes de que llegara la borrachera de goles, Zidane había cambiado la tendencia pesimista del madridismo tras los últimos resultados. Incluso había logrado que perdonaran a los más estrellados. Una especie de molinete por aquí, un pinchazo de balón por allá. La cabeza siempre levantada, con un ojo mirando a Roberto Carlos y otro a Figo. Y lo mejor: acelerar o ralentizar el juego para destrozar la presión del rival. Eso y mucho más lo hizo Zidane en la primera media hora de partido. Le sobró tiempo para marcar su sexto gol liguero y mandar otro al limbo. Sin aparente fatiga, aunque sude de manera descomunal y exagerada.

En una Liga tan igualada ya no me quedan dudas: el francés marca las diferencias. Lo suyo no es una cuestión de estado de ánimo, ni de rachas, ni de caprichos de estrellita. Lo suyo es el trabajo a destajo pero con la majestuosidad del mejor jugador del mundo. Una especie de IVA que en este caso grava a los rivales. Un valor añadido para un equipo con grandes individualidades. Ese era el pensamiento único de los que mandan en el Madrid cuando le contrataron y eso es justamente lo que está ocurriendo partido a partido. En la tarde de gloria de Morientes, el veterano aficionado que acude regularmente a La Castellana se fue pensando en Zizou.

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