Yo digo Juan Mora

Un cachito de la medalla es nuestro

Juan Mora
Importado de Hercules
Actualizado a

Muehlegg fue alemán hasta los 29 años, cuando por discrepancias con su federación escogió otra nacionalidad para seguir compitiendo. Eligió la española, porque aquí se le dio el pasaporte por la vía rápida. Trabaja con un equipo de tres personas, todas nórdicas, que él mismo paga con los 48.000 euros (ocho millones de pesetas) que le da la Federación Española, beca aparte. Una le entrena, otra le da masajes y la tercera ejerce de mecánico; ésta, al amanecer, inspecciona la nieve y, en función de su humedad y temperatura, da la cera más apropiada a los esquíes para que tengan deslizamiento óptimo.

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La aportación de España a los éxitos de Muehlegg es, pues, meramente comercial. Le paga y como él ofrece resultados, se le deja trabajar a su gusto y todos tan contentos. Poco más se puede hacer, pues nieve apenas le podemos ofrecer para que se entrene. Sin embargo, algo tendremos cuando aquí los grandes deportistas se acaban convirtiendo en campeones. Pasó con Niurka Montalvo, que llegó a España como una gran atleta hecha en Cuba, pero nunca había saltado más de siete metros ni había sido campeona del mundo. Ambas cosas las logró entrenándose al sol de Valencia con Rafael Blanquer.

Con Muehlegg ha pasado algo parecido. Se hizo español después de haber participado con Alemania en tres Juegos Olímpicos y conseguir como mejor clasificación un séptimo puesto. Aquí encontró la estabilidad y los medios para alcanzar el éxito, sin menospreciar la influencia que pueda ejercer su casa de Torremolinos, a la que se escapa en cuanto tiene una semana libre. Allí ha descubierto el sol y la tranquilidad; se ha integrado de tal manera que de ahí le viene el acento andaluz con el que habla. Algo hemos aportado, pues, a la medalla de Muehlegg. Un cachito de su medalla sí que es nuestro.

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