Una regla sin la que el fútbol es inimaginable
La norma del off-side se reguló el 8 de diciembre de 1863, aunque desde entonces ha sufrido algunas modificaciones pero que no variaron su espíritu.

El día 8 de diciembre de 1863 se aprobaron las reglas del naciente juego denominado Football Association. El Comité que redactó las mismas estaba presidido por Arthur Pember y se basó en las aprobadas en Cambridge quince años antes. Entre las catorce normas fundacionales figuraba la referida al off-side, es decir, el fuera de juego. Estará en fuera de juego todo jugador que esté por delante del balón en el momento de ser jugado. (Más o menos como en la actualidad sucede en el rugby). Poco a poco se le fueron añadiendo las excepciones.
En primer lugar, en 1866, se decidió que no se consideraría en off-side al jugador situado, al producirse el pase, con tres contrarios entre él y la línea de gol adversaria. En 1883 aparecen las figuras de los linesmen, hoy elevados a la categoría de árbitros asistentes, para auxiliar al árbitro señalando la salida del terreno de juego del pelotón y al jugador que se encuentra en fuera de juego.
Dos en vez de tres. Pero la gran revolución se produjo en 1925, cuando la International Board decidió que sólo serían necesarios dos hombres en lugar de tres para habilitar al atacante. Ello motivó un sustancial cambio táctico. Si el linesman no levantaba la bandera, el atacante quedaba solo frente al guardameta, sin otro defensor que pudiese salir al cruce y Mr. Chapman, entrenador del Arsenal, ideó retrasar al defensa central, abriendo a los dos zagueros sobre los extremos. La WM ha sido superada hace tiempo, pero el off-side forma parte consustancial del juego y favorece a los equipos que saben sacar partido inteligente de su uso, tanto en acciones de ataque como defensivas.
Su supresión, solicitada en varias ocasiones y ahora por el Comité italiano de árbitros, sería un ataque frontal a la inteligencia futbolística. Las pruebas realizadas en diferentes encuentros con la supresión del fuera de juego han resultado un fracaso. Lo que no me sorprende es la procedencia de su petición. La irrupción de la televisión en los terrenos de juego ha puesto de manifiesto la general incapacidad de los ayudantes para salir bien librados en el juicio de sus decisiones. En muchos casos se convierten en el mejor defensor contra el equipo que explota al máximo la habilidad del lanzador y la rapidez del receptor para burlar una línea defensiva. Dicen que es muy difícil. Pero si la solución ante la dificultad es suprimir la norma nos encontraríamos ante un hecho deleznable.
Grave crisis. En la vida hay muchas normas dífíciles de cumplir y no por ello deben suprimirse. El arbitraje, tal vez desde siempre, atraviesa una grave crisis. No ha sabido adaptarse a la evolución del juego. En cada jornada de campeonato vemos aplicar criterios diferentes para situaciones semejantes y la televisión nos las descubre a los aficionados, mientras, los diferentes ex árbitros que opinan en los medios de comunicación, no hacen otra cosa, mayoritariamente, que colaborar al despiste del aficionado con juicios erróneos y hasta esperpénticos.
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Es posible que el problema arbitral exista desde la aparición del árbitro sobre el terreno de juego en el año 1881, pero ahora quedan sus errores mucho más a la vista de todos, y no se arreglará suprimiendo las acciones más conflictivas o frecuentes, sino buscando soluciones que mitiguen o reduzcan los errores que cometen las personas que, sobre el terreno de juego, tienen la misión de velar por el espíritu con el que se originó nuestro maravilloso deporte.
Lo lógico, lo normal, es buscar los mejores profesionales, los más dotados para desarrollar su función, como sucede en la medicina, en la ingeniería o en la recogida de basuras. Y tengo desde hace mucho tiempo la duda de que no es así, tanto en las personas que realizan las funciones de árbitros como en las que llevan estos como ayudantes. La solución no es suprimir el fuera de juego.