Figo vuelve a su Barcelona amiga
El año pasado las peñas madridistas le recibieron en Montjuïc con claveles. El portugués marcó un golazo que sacó los pañuelos del estadio Olímpico.

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El clavel siempre será un símbolo de Portugal. Sobre todo desde aquél 25 de abril de 1974 cuando un grupo de militares, a los que se unió la población civil, acabó con la dictadura salazarista. Aquel cambio de paso en el devenir de la historia del país luso se le denominó la Revolución de los Claveles, debido a que fueron claveles lo que los soldados portaban en las puntas de sus fusiles cuando entraron en Lisboa. Esta misma flor, en su caso de color blanco, también marcará el recorrido de Luis Figo en la Liga española. De esta manera, con claveles, fue recibido el portugués en su segunda visita a Barcelona como jugador del Real Madrid. Fue más que un gesto. Se trataba de todo un desagravio hacia lo que había sufrido el diez madridista en aquella noche oscura del Camp Nou.
Hoy, 415 días después de aquel suceso, Figo volverá a conocer los efectos balsámicos de la Barcelona amiga. El partido que juega el Real Madrid hoy en la Ciudad Condal, servirá de nuevo de homenaje a la antigua estrella culé. Nadie como Figo puede representar esa dualidad futbolística que vive la Ciudad Condal. Lo que antes era odio e insultos, se han transformado ahora en alabanzas. Son pasos que sólo el fútbol se permite dar, y es Barcelona una de las pocas ciudades con recorrido para hacerlo. Hoy, en Montjuïc volverán a estar presentes parte de las más de 100 Peñas madridistas que sobreviven en Cataluña al dominio blaugrana. Aquel día, Figo ofreció a la Barcelona amiga un gol de ensueño que sacó los pañuelos del estadio Olímpico. Hoy, no habrá claveles, ni pancartas. Sólo estará Figo.