El torneo de mayor solera
El Seis Naciones es un torneo singular. Por lo pronto, el de más solera, pues tres siglos han pasado por él. Existe desde 1882, cuando Inglaterra, Escocia, Gales e Irlanda se reunieron para disputarlo. Francia se incorporó en 1910 e Italia, en 1999. Pero en esencia sigue siendo el mismo. Una competición de solera, llena de encanto, de evocaciones, de leyenda, en el que las selecciones, y no los clubes, asumen todo el protagonismo. Se juega la honra, más que el título, pues no existió el trofeo como tal hasta 1993. No hacía falta nada que materializara el triunfo. El ganador ya sabía que lo era.
Noticias relacionadas
Todas las demás distinciones que se ponen en juego siguen siendo virtuales, menos la copa Calcuta, que se la lleva el vencedor de los partidos Inglaterra-Escocia. El Grand Slam, que es para quien gana todos los partidos, no existe; tampoco la Triple Corona, título honorífico al que sólo optan los cuatro países fundadores, y mucho menos la Cuchara de Madera, que es para quien pierda todos los partidos. Lo único que importa es la victoria, y ésta se llevará siempre en el corazón. Tanto ardor se pone en la batalla que nada puede recompensar el esfuerzo. De ello hay varias muestras.
"Fee Fi Foe Fun, puedo oler la sangre de un inglés. Esté vivo o muerto machacaré sus huesos para hacer nuestro pan" decían los galeses en víspera de un partido en 1994. "Si no son capaces de aguantar un puñetazo, que se dediquen al ping pong", respondía el seleccionador francés ante las críticas escocesas tras un partido en 1995. Hay mucha fuerza en el juego, pero la violencia sólo se desata en contadas ocasiones. La primera expulsión del torneo no sucedió hasta 1977. Con la llegada de los profesionales se perdió algo de romanticismo, pero el torneo sigue ahí; 120 años lo contemplan.
