Europeo 2002 | España 32 - Yugoslavia 35

España se hundió en el día decisivo

La Selección, que necesitaba el triunfo, acabó triturada por una Yugoslavia que vuelve a ser nuestro verdugo.

INSUFICIENTE. Que Entrerríos hiciese su mejor partido en ataque no sirvió para derrotar a Yugoslavia.
Enrique Ojeda
Redacción de AS
Actualizado a

Todo estaba preparado para soñar con una gran jornada, con la clasificación por cuarta vez consecutiva para las semifinales de un Europeo, y de repente apareció el Coco vestido de Yugoslavia, el que tanto se le atraganta a los españoles, el mismo que en Francia hace un año apeó a los nuestros de la lucha por las medallas.

Los yugoslavos no se jugaban nada, y los precedentes de este Europeo les colocaban en la posición de destronados, un conjunto venido a menos y sin carisma para defender su bronce Mundial. Pero ayer esta Selección era otra cosa. Compuesta por emigrantes en todas las ligas continentales, sus hombres saben que tienen la obligación de mantener su caché internacional. Quizá porque estaban en juego los contratos en el extranjero hicieron lo que saben, jugar. En eso son superiores a España. Tienen la veteranía suficiente para saber qué hacer en cada momento. Que Lisicic está caliente y no falla, balones y bloqueos al lateral; que la defensa se abre por el centro, dos contra dos entre Jovanovic y Skrbic; que el agotamiento es general, que sude Bojinovic, el barcelonista especializado en zumbarle a los nuestros y pasar desapercibido contra el resto.

El hombre del saco. Es decir, Yugoslavia se aprovechó siempre de las debilidades españolas, que además chocaron con un portero como Peric que nos birla a lo grande el título de mejor meta que le habíamos entregado a Barrufet.

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Peric, cara a cara con los españoles, le sustrajo diez goles a España: tres tiros de Colón al inicio (rebajaron la moral del pivote) y luego contragolpes de Garralda, de Entrerríos, de Prieto, de Guijosa, de Hernández. Vamos, que Peric fue ayer el intimidador, el hombre del saco con quien Argilés amenazará desde ahora a jóvenes y veteranos en las concentraciones. Si aparece, gastroenteritis generalizada en el grupo; sólo se salvó, relativamente, Alberto Entrerríos, el que más casta puso, y Hernández, que jugó casi todo el partido por la lesión de Ortega.

No hay peros ni justificaciones. Alguno de los jóvenes tiene que madurar de manera inmediata para aportar lo que se supone que vale (Romero), y en general, es necesario aprender a aprovechar las situaciones de ventaja. Yugoslavia, cuando estuvo en superioridad, lo rentabilizó para encauzar el choque (de 15-12 al empate en el descanso). España, sin embargo, incluso perdió los parciales cuando el rival estaba en inferioridad por las exclusiones en una segunda mitad lamentable.

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