Entrevista Pacheco

"Quiero conocer a Tamudo para acoplarme a él"

Antonio Pacheco abandonó su Río de la Plata natal para asomarse al Mediterráneo. Quiere triunfar en Europa, este uruguayo de sonrisa abierta y disparo letal.

"Quiero conocer a Tamudo para acoplarme a él"
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-Tras dos entrenamientos con el Espanyol, ¿qué sensación le queda? ¿Está a gusto con su nuevo equipo?

-He tenido un lindísimo recibimiento. El lunes llegué al entrenamiento demasiado tarde. Me hubiera gustado poder conocer mejor a mis compañeros. El martes todo resultó magnífico. Realizamos una sesión intensa y divertida. Es curioso: éramos sólo ocho, pero nos lo pasamos en grande.

-Visto lo visto, en el Inter se mantuvo en muy buena forma. ¿Se siente las piernas?

-Perdí el fin de semana con el viaje... Ahora tengo pocos días para ponerme a punto. Sé que lo voy a conseguir. Ya he dicho que me gustaría poder debutar contra el Real Madrid auque eso lo va a tener que decidir Paco Flores.

-¿Es cierto que le ha sorprendido el recibimiento y la repercusión mediática de su fichaje por el Espanyol?

-Hombre, nunca piensas que te puedan hacer tantas fotos. Pero lo llevo bien, ningún problema, monstruo.

-Es usted muy feliz, ¿eh?

-No me puedo quejar. Estoy en una ciudad que me encanta y en un club que ilusiona.

-Ha visto una foto en AS de su Peñarol del alma. ¡Le brillan los ojos!

-Cada vez que veo esa camiseta el corazón me da un vuelco. Yo me crié allí, qué menos que me haga ilusión acordarme de todo aquello. Peñarol es parte de mi vida. Sin Peñarol no hubiera sido nada.

-Entonces, ¿por qué se marchó?

-Me fui porque tenía que buscar en otro sitio los triunfos que había conseguido en Uruguay. Tenía ganas de conocer mundo y el fútbol europeo. Me quedaban muchas esperanzas de lograr con el Inter todos los éxitos que logré en mi país.

-¿Qué diferencias encontró entre los dos estilos de jugar al fútbol?

-Todo es muy distinto, empezando por la afición. Allá se vive con una pasión extraordinaria. Los grandes clubes despiertan unas pasiones que difícilmente se sienten en Europa. La excitación de las masas es incomparable. En cambio, en Italia y en España el juego es más vistoso, dinámico. A cualquier jugador se le hace mucho más difícil triunfar.

-Varios de sus compatriotas han hablado muy bien de usted. ¿Se siente orgulloso?

-Siempre he intentado rendir a buen nivel y que los compañeros se sientan a gusto jugando a mi lado. Claro que es un orgullo que Darío Silva o De los Santos estén satisfechos conmigo. En cuanto supieron que había fichado por el Espanyol me llamaron para felicitarme.

-Enzo Francescoli también se acordó de usted en AS. Nadie mejor que él para un elogio. ¿Le impresiona?

-Conocer a Francescoli es lo mejor que me haya podido pasar en mi vida como futbolista. El Príncipe es mi ídolo, como el de muchos uruguayos.

-¿Qué tiene ese genio para que todo el mundo le tenga como uno de los jugadores más importantes de la historia?

-Enzo Francescoli marcó una década en mi país. Triunfó allá dónde fue. Coincidí con él mucho tiempo, así que sé de lo que hablo.

-¿Recuerda algún buen consejo suyo?

-No hacía falta que nos aconsejara. Siempre nos sonreía, y a mí me parecía extraordinario que una estrella fuera tan sencilla y tan humilde. Cualquiera soñaría ser como él, como futbolista y como persona. En Uruguay le adoran, en Argentina le aclaman...

-Dejó a Francescoli, a Peñarol, y se lió la manta a la cabeza para irse a Italia. Un año y medio en el Inter da para muchas anécdotas. ¿Qué opina sobr la figura de Ronaldo?

-Es un gran chico. Está tratando de salir de una lesión gravísima. Ha acumulado mucha mala suerte en estos años, así que le deseo lo mejor.

-¿Está triste el brasileño?

-No, para nada. Es joven y tiene tiempo para volver a ser el mejor. Aun estando lesionado, le he visto hacer unas virguerías inauditas. Solamente tiene ganas de demostrar lo que vale. En Milán nadie duda de que será la pareja pefecta de Vieri.

-Volvemos a Uruguay. Tiene sólo tres millones de habitantes y su Selección es bicampeona del mundo. ¿No le parece increíble?

-Para un futbolista uruguayo, jugar en la Selección es lo máximo. El sentimiento patriótico es tan grande que puede superar cualquier limitación. Esa es la suerte que tiene mi país.

-Darío Silva estuvo en Montjuïc hace un par de años. Se fue por la puerta falsa, aunque hizo buenos amigos. Supongo que le debió hablar muy bien del Espanyol, ¿no?

-Me dijo que el club era sensacional, que la gente le tenía un cariño especial a los jugadores. Me avisó que las infraestructuras son muy buenas. Me acosejó que no dudara ni un instante y que jugar aquí podría relanzar mi carrera.

-Ya sabemos que el Espanyol no es tan conocido en el extranjero como lo puede ser un Barcelona, pero ¿a qué jugador de su nuevo club tiene especial interés por conocer en el campo?

-A Raúl Tamudo. Me han dado muy buenas referencias sobre él. Teniendo en cuenta que deberé jugar a su lado, me interesa bastante acoplarme lo antes posible a su manera de desenvolverse sobre el terreno de juego.

-¿Cuál fue el mejor futbolista de la historia?

-Si le hablo sobre los que yo he visto jugar, no tengo dudas: Diego Armando Maradona. Para mí fue único, aunque seguro que antes hubo más cracks.

-¿Le conoce personalmente?

-No, ojalá lo hubiera hecho.

-Y el domingo llega el Real Madrid, con Zidane, Raúl, Figo... ¿Sinte miedo?

-Cuando estás en la cancha no te fijas en los nombres de los adversarios. Evidentemente, son los mejores de mundo, pero nada más. Claro que me puede llegar a preocupar su juego, pero no más que en otros encuentros.

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-Quién no conoce al Madrid, ¿verdad?

-En todo el mundo se le conoce. Al club, su historia y sus estrellas. En Montevideo nadie desconoce que hay un club español que se llama Real Madrid y que lo ha ganado todo. Pero el domingo jugamos once y veremos lo que sucede.

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