Un equipo de club
Cuando queremos destacar la labor intachable de un futbolista modesto, cuyo rendimiento es altísimo, a pesar de estar siempre a la sombra por andar escondido entre las figuras, lo hacemos recurriendo a un tópico comentario: éste es un buen jugador de club.
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Y en esta frase se encuentra el secreto de este Sevilla. Un equipo, una entidad que sin hacer ruido, sin alardes y sin lucimientos especiales ha sido capaz de convertir su trabajo en el mejor arma de combate. Este Sevilla, en pleno, se ha convertido en un equipo de club. Todos arriman el hombro, esquivan el individualismo y benefician el bien común. Su esfuerzo y sacrificio no serán nunca del todo premiados, como el jugador de club; y su extraordinario rendimiento jamás encontrará el reconocimiento justo, como el jugador de club. Es una filosofía de entender el fútbol que se extiende por todas las raíces de la entidad nervionense. Desde Roberto Alés, en el que el Sevilla ha encontrado al mejor presidente de club que podía tener, hasta el propio delegado, Cristóbal Soria, pendiente de cualquier situación que pueda beneficiar al equipo. Y es que en este Sevilla todo el mundo parece haber nacido para trabajar en... este Sevilla.
M onchi sigue agudizando la mente para fichar jugadores desconocidos que ofrezcan un buen rendimiento y Caparrós, sin hacer ruido, como el jugador de club, empieza a ser indispensable. Ayer, el equipo jugó sin cuatro titulares indiscutibles y el rendimiento no varió lo más mínimo. Cosas de esa forma de pensar que tanto le gusta al técnico: "Somos un equipo". ¿Y qué me dicen de los jugadores? Todos llegaron procedentes de lugares modestos y nadie se explica cómo no han triunfado antes. Por citar un par de ejemplos: David, ahora, es uno de los mejores laterales izquierdos de la Liga y Moisés, tras muchos intentos, se consolida como un grandísimo goleador. Por cierto, de Reyes hablaremos otro día. Estamos ante una figura grande de nuestro fútbol. Vive con unas condiciones extraordinarias que darán que hablar.