Tenis | Abierto de Australia

Johansson se hace grande en Australia

Venció contra pronóstico al ruso Safin y se embolsó 601.000 euros.

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Cuando nadie lo esperaba surgió Johansson, como un extra que termina por convertirse en protagonista por sarampión del galán y luego resulta que besa mejor. El campeón, tan modesto que se reconoce como un tipo "sin interés", llegó al estadio en taxi porque su entrenador (apodado Míster Magoo) olvidó pedir un coche de la organización. En el mundo de las deslumbrantes estrellas, Johansson se comportaba tras la final como si hubiera ganado un concurso de televisión, Rey por un día, qué alegría, cuánto dinero, y que si puedo saludar.

Safin no se presentó. Dijo que le despistó el público. Sus cosas. Ayer cumplió 22 años y debe pensar que le queda un mundo por delante, pero más bien lo tiene enfrente y si no se da cuenta corre el riesgo de no servir para otra cosa que para ganar a Sampras.

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Johansson sí se atrevió: dio un recital de concentración, de restos, de reveses, de juego variado. Y Safin, que llegó como un Apolo, se quedó en Shreck.

En el recuerdo quedará que Johansson ganó siendo el 16º cabeza de serie y que se vio favorecido por el desplome de los favoritos, pero no es menos cierto que en el momento de los héroes estuvo a la altura. Sucede a Wilander como campeón en Australia (1988) y a Edberg (US Open 98) como vencedor de un grande. Sólo queda la duda de si volverá a ganar o regresará al segundo plano, donde los extras hacen bulto.

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