España derrota a Suiza sin jugar como un reloj
Encarriló el partido en la primera mitad, y en la segunda surgió un providencial Hombrados para evitar la remontada de los helvéticos.

Triunfo. Victoria. Buen resultado. Ese es el aspecto positivo del choque de ayer. Poco balance para España, que necesita algo más. Por ejemplo, demostrar que puede actuar sesenta minutos intensos, y no como ayer, a tirones, y perdiendo el norte, sin emplear la inteligencia que se le supone a este grupo de escogidos.
Siempre mandó España, siempre dispuso de ventaja en el marcador, pero se complicó el triunfo en la segunda parte, en la que Suiza, debutante en un Europeo, tuvo mejor ritmo y el control del juego. Es un detalle preocupante, porque el partido iba camino de ser definitvo, y con dos goles de renta habrá que luchar a cara de perro esta tarde si Suiza derrota a Islandia.
Cuando España estuvo metida en el partido, con la seriedad que se le supone, todo iba viento en popa. Empezó Olalla de central, para que O´Callaghan leyese desde el banquillo lo que más convenía. Y por ahí vino el despegue de los hombres de Argilés, buscando el dos contra dos, con Garralda espectacular en el tiro (también en defensa).
Carencia de zurdos. Pero esta España de Suecia tiene sus limitaciones. A saber, y sin volver a la reiteración de la posición de central: la carencia de zurdos. Cuando Garralda descansa, en su zona, la de tateral, se produce una descompensación notable, y quizá esa sea la explicación de que en la segunda mitad Suiza, sin Lima, lesionado, acortase las diferencias.
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Quien no se amilanó y volvió a redondear una gran tarde fue el madrileño Hombrados. Se ganó la titularidad en el choque ante Islanda, y ayer jugó los 60 minutos con un balance enorme: un 46 por ciento de paradas (detuvo dos de los tres siete metros que le lanzaron).
Si los grandes equipos se construyen a partir de la portería, es evidente que por ahí España está bien dotada. Falta que los jugadores de campo muestren la misma actitud en la pista para que la Selección suba como las burbujas de un buen cava.
