Campeón es el que no pierde
Un sorteo de Copa siempre es un gran acontecimiento. Las expectativas de llegar lejos en un torneo de estas características están en función de los rivales que vayan tocando. Aunque, digo yo, al equipo que aspire de verdad a ser campeón le tiene que dar igual eso del sorteo. Alguna vez tendrá que quitarse de encima a los rivales de su nivel, o superiores, y si está convencido de ganarles le tiene que traer al fresco coincidir con ellos al principio o al final. Sin embargo no parece ser así. Lo vimos ayer en el sorteo de la Copa de baloncesto. Y eso que esta Copa es en la que menos influencia tiene el sorteo.
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Ser campeón es tan fácil como ganar tres partidos: cuartos, semifinal y final. No hay ni ida ni vuelta. El único factor suerte que puede haber es el de que no te toque jugar contra el equipo de casa, por eso de que siempre tendrá una mayor motivación. Quitando esto, el resto poco importa. Hay temor al equipo de casa, al Madrid y al Barcelona. Pues quien quiera llevarse la Copa, tendrá que ganar a alguno de estos equipos. Y puestos a ello, tanto da que sea en el primer partido como en la final. Como el campeón no puede perder ninguno, pues a fin de cuentas da lo mismo cuando toque el coco.
Pero la verdad de este sistema es que ningún equipo se siente seguro de la victoria. Por eso tanta incertidumbre y tanto respeto al rival. A un solo partido puede ganar cualquiera. Lo estamos viendo durante la liga regular. Y más aún si quienes juegan la Copa son los ocho primeros de la liga, que a la postre son los más fuertes. Por eso no se puede hablar de un Madrid-Barcelona en semifinales. Eso es mucho aventurar. A un solo partido, nadie es mejor. Miren la liga y lo que le ha costado al Barcelona quitar del primer puesto al Unicaja. Y es que el baloncesto, sin los playoff, es más apasionante.
