Fútbol | Historia

Aquel gol a Zamora...

Carlos Quesada Cerbán, Quesadita, relata para AS cómo marcó el primer tanto que recibió ‘El Divino’ nada más fichar por el Real Madrid.

José A. Espina
Jefe de Sección en la Delegación de Andalucía
Jefe de Sección de Diario AS en Andalucía. Licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad de Sevilla. Pegando teclazos desde 1998, durante toda una década en Madrid (2000-2010). Sevilla, Betis, Selección española y lo que se ponga por delante. Loco por el fútbol, guarda un poco de esa pasión para su otro deporte favorito, el tenis.
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"Vente a ver a Quesadita". ¿Quién? "Quesadita, el que le marcó el primer gol a Ricardo Zamora nada más debutar en el Real Madrid". Ah, Zamora. Alfredo Relaño y Bernardo Salazar me embarcaron en una aventura inesperada y oscura que acabó tan llena de luz como el sol que amaneció aquella mañana de enero, hace poco menos de dos semanas. Parecía extraño, casi un reto a la historia. Un chico de 25 apenas acierta a recordar el gol de Platini a otro mito de la portería, Arconada, en la Eurocopa 84, pero iba a conocer al señor que desafió el mítico idilio entre El Divino y el mejor club del Siglo. Mi abuelo, que admiró, siguió y combatió en la guerra que se llevó con ella las paradas de Zamora, estaría orgulloso de mí.

Encontrar a Carlos Quesada Cerbán fue difícil, callejeo arriba y abajo por las entrerramas de Arturo Soria. Simpatizar con él, no. El fútbol une a viejos y jóvenes, futboleros y periodistas como lo hace el SuperGlue-3. Quesadita, nacido en Buenos Aires y criado entre Málaga y Madrid, es ahora un señor de 89 años con la memoria de un niño: "El gol y el debut los recuerdo como si acabaran de suceder. Había estado toda la semana preguntándome ‘¿Qué voy a hacer yo contra Zamora, qué voy a hacer yo?’ Pero llegó el día. Salí nervioso, pero me puse tranquilo y en una de esas...". En una de esas, llegó el gol, contado al milímetro por Quesadita: "Mauri me pasó el balón después de burlar a Esparza. Yo, que estaba a pocos metros del área, hice el pase de la muerte entre Torregrosa y Quesada y me planté delante de Zamora, que salió un poco después de lo esperado. Él intentó tapar con su cuerpo, pero yo le pasé el balón por encima". ¿El balón por encima? ¿No se le llama a eso vaselina? "Hoy se le llama vaselina, nombre raro, pero es, simplemente, pasar el balón por encima", apostilla Quesadita. Salazar me aclara que "el pase de la muerte, el de siempre, era pasar con el balón entre los dos defensas".

Los tiempos y el lenguaje, como el propio fútbol, se han vuelto demasiado complicados, como la vida de Quesadita en los momentos posteriores a aquel gol. Llenos de locura: "La gente se volvió como loca. En el palco, la gente se abrazó a mi padre al grito de ‘Viva la madre que le parió’"; Llenos de extraños premios: "Casa Carmena... Sí, esa tienda del anuncio ‘Carmena se llama el sastre’, me regaló un abrigo de piel de elefante. Lo he perdido"; Del presunto interés del Madrid: "Hernández Coronado, entonces secretario técnico blanco, le preguntó a un directivo del Racing ‘¿Quién es ese chaval?’. El directivo le respondió ‘A ese chaval no le interesa el dinero’. Coronado dijo ‘el dinero no, pero hay coches muy tentadores’". Y de una fractura de peroné que se hizo, precisamente, en la jugada del gol al Divino: "Cayó sobre mi pierna derecha... Y me hizo una fractura de peroné que me tuvo seis meses de baja. Después...".

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De Quesadita a Quesada. Después de aquel gol, la vida ha pasado demasiado rápido para Quesadita. El Racing de Madrid, ese equipo chamberilero que pierde su identidad cuando se traslada a Vallecas, se disuelve. Quesada pasa por el Nacional y la Ferroviaria, otros ilustres desaparecidos del Madrid de la preguerra, pero llega el 36 y, con él, el desastre: "Serví en el Cuerpo Nacional Republicano, y por eso acabé en la cárcel cuando terminó la Guerra. Estuve en la Cárcel de la Calle Barco. Fueron tres años y un día, pero allí conocí a mi primera mujer, que estudiaba al lado".

Romanticismos de la guerra, de su trabajo en Correos, de su paso por Valencia y Badajoz y de una vida que, ahora, alterna entre Madrid, Benidorm, y un puñado de amigos que no se creen, a pesar de la historia, que Quesada fue una vez el gran Quesadita: "Mis amigos dicen ‘¿Cómo le vas a marcar tú ese gol a Zamora?’. Estaría dormido, Zamora’. El caso es que, incluso entonces, a mí me conocían cuatro gatos, no como a Zidane y compañía, a los que animan 4.000 millones". Pues ellos que se lo pierden. En realidad, conocer a Quesadita fue como marcarle un gol al destino para rememorar aquella, su gesta, 70 años después. Mi abuelo, admirador suyo, nunca tuvo el privilegio de estar tan cerca, en obra y espíritu, del mejor portero de todos los tiempos: Ricardo Zamora.

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