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La historia de un sueño hecho real

El consejero Ramón Raventós cuenta para AS cómo se gestó su idea, la que le llevó a iniciar, a escondidas, la búsqueda de un terreno en Cornellà.

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El proyecto de Cornellà empezó a gestarse el 9 de noviembre de 2000. El Espanyol jugaba en Graz (Austria) los dieciseisavos de final de la Copa UEFA. Un dato: pasó ronda. En el estadio Arnold Schwarzenegger, al consejero Ramón Raventós se le encendió la luz: "Tenemos que construir un campo como éste, coqueto, moderno y útil", dijo. Esa fue su primera brillante aunque algunos le trataron de loco. "Tuve la iniciativa y luego solamente me quedó trabajarla".

Meses más tarde, en marzo, Raventós acudió a su habitual reunión del consejo de administración del World Trade Center (WTC) de Barcelona. Aprobaron construir el WTC-2 en Cornellà. El gerente, su amigo Enrique García Castany, se le acercó y le susurró: "¿No queréis un campo propio?". "Es un sueño imposible", respondió Raventós. García-Castany insistió: "Os haré una gestión". La hizo. Raventós y José Luis Morlanes, concejal de urbanismo de Cornellà y presidente del Consejo del Baix Llobregat, se conocieron y pactaron en silencio. "Existió buena prediposición por parte del Ayuntamiento. Lo negocié todo: la viabilidad de los terrenos, cómo podría ser el estadio... Todo", dice Raventós. El consistorio puso a disposición del Espanyol una lista de terrenos ideales para albergar un complejo de este tipo. "Hablé con el alcalde de Graz, con el arquitecto del campo y me dijeron que les había costado 2.000 millones de pesetas. Ahí empecé a verlo claro". Mientras el consejero movía sus hilos, Daniel Sánchez Llibre seguía sin saber nada. Hasta que Raventós le dijo un día: "Podemos hacer un campo en Cornellà. Lo tengo casi atado". Dani respondió: "Estás loco Ramón".

Alucina Dani

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Raventós encargó los primeros esbozos arquitectónicos a los expertos del WTC. El ante-proyecto salió precioso. En septiembre pasado, Dani y Morlanes se conocieron. Al presidente le acabaron de convencer. "Le llevé en coche desde el centro de Barcelona y vio que estaba mejor comunicado que Montjuïc. Sin problemas de aparcamiento (un polígono industrial nutrirá de plazas de parking el estadio los fines de semana), con el metro y los ferrocariles catalanes a dos pasos", dice el padre de la idea. Sánchez Llibre alucinó y decidió apostar. "Habló con Jordi Pujol, que le dijo que adelante con las hachas", según el consejero.

Desde que Dani cogió el toro por los cuernos todo ha ido muy rápido. Sin embargo, el próximo paso va a ser costoso. La directiva españolista piensa que hasta el próximo mes de septiembre no se va a reflejar por escrito todo lo pactado verbalmente. Será entonces cuando el proyecto de construcción salga a concurso. "No van a haber favoritismos aunque alguien piense que tiene ventaja", avisa.

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