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Jordan: "Gasol se está haciendo un sitio"

Michael Jordan cree que el español "está en la carrera por el título de rookie del año, aunque debe seguir trabajando, sobre todo en el físico y la defensa".

Alejandro Delmás
Importado de Hercules
Actualizado a

Y en un sábado lleno de nieve, Michael Jordan regresó al United Center de Chicago para llevarse una ovación de época, de tres minutos, y ganar un partido feísimo, dominado por las emociones. Los viejos enemigos de Jordan, los dos Jerrys, Reinsdorf y Krause, propietario y general manager de los Bulls, respectivamente, ni asistieron al partido: Reinsdorf estaba en Arizona y Krause en uno de sus viajes de scouting u ojeo de jugadores.

Así, The Two Jerrys se libraron de la derrota y de la catarata de afecto que 23.500 ciudadanos de Chicago descargaron sobre Jordan, la némesis de Krause y Reinsdorf, otro de cuyos enemigos mortales, David Falk, agente de Jordan, se sentó entre el banquillo de Washington y la mesa de anotadores.

La gerencia de Chicago dio órdenes al presentador, Ray Clay, para anunciar a Jordan como a un jugador cualquiera de los Wizards. Era, fue imposible. Por cierto: el porcentaje de tiro de los Bulls en la primera parte (27-35) fue... 7-42 (16,7%), el peor en la historia del club de Chicago.

"Esto ha sido muy duro, como jugar contra un pariente cercano. Chicago, para mí, siempre será Chicago, mi casa. Y los Bulls, los Bulls: mi equipo. He de reconocer que ya no soy el jugador que era en 1996, por ejemplo, soy un superviviente, pero estoy encontrando maneras de que otros compañeros progresen en su juego, como Popeye Jones, Chris Whitney o Brendan Haywood", dijo Jordan, algo más relajado tras el partido, con su eterno traje color café rayado en leche hecho a medida en Burdi, su sastrería preferida de Chicago.

La palabra "duro" asomaba a los labios de Jordan cada vez que se le recordaba el partido. No quiso demonizar a Krause y Reinsdorf, ausentes ante la manifestación popular que se veían venir: "Tengo una estatua en la puerta de este edificio, donde se dice que he sido el mejor de todos los tiempos y una camiseta con mi número, que está retirado, cuelga del techo. Suficiente, ¿no? No culpo a nadie de nada: ellos eligieron un rumbo y yo otro; pienso que estaban equivocados, pero sus motivos tendrían. No hay que buscar segundas intenciones".

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Repartiendo bromas —"ni siquiera sabía dónde estaba el vestuario visitante"—, y entre saludos a niños y a un grupo de minusválidos, Jordan contestó a una pregunta sobre el crecimiento deportivo de Pau Gasol en la NBA. "¿España otra vez...? ¿Gasol? Está haciéndose un sitio aquí, yo creo. Está demostrando que puede jugar, ganándose el crédito. Es claro que está en la carrera por el título de rookie del año y, si su comparación en Europa era con Dirk Nowitzki, creo que ha estrechado las distancias. Ahora ya está más cerca del alemán que hace unos meses. Pero debe seguir trabajando, sobre todo en el físico y en la defensa".

Y Michael se fue, rodeado de guardaespaldas privados y security guards, rumbo al último partido de fútbol americano de los Chicago Bears en el Soldier Field. Luego, a Mineápolis, donde los Bulls, perdón los Wizards, se deben enfrentar a los Timberwolves, temible rival. Es la NBA. Saludo final del profeta Jordan: "Tal como estamos, con la poca gente que tenemos, mejor que cuidemos de nosotros mismos en Minnesota". Palabra de viejo zorro...

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